Clamores de Guerra, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España
Gentes a pie, autobuses, camino del mitin. Y banderas de plástico para la ceremonia. Empieza la liturgia. El alcalde de Mieres, primer telonero que advierte de los peligros de la derecha. Y -¡date!- hace que el discurso gire en torno a Gabino y sus localismos, que en su momento se opuso al campus universitario de la que fue capital minera. O sea, que el primer edil de Oviedo protagoniza la campaña del PSOE astur. Ningún alcalde asturiano del rojerío es obsesión del regidor vetustense. Miren por dónde.
Diana González habló de los sueños que se cumplen gracias al Partido Socialista. Mujer de fe, retórica de total convencimiento. No le escasea la voluntad.
Javier Fernández no parece mal mitinero. Tuvo claridad cuando habló de la memoria y de la emigración. Fueron atinadas sus críticas a Aznar. El pasado se debe escuchar. Rindió, no obstante, tributo a la fijación mental con respecto a Gabino de Lorenzo.
Álvaro Cuesta, voz cascada. Apuesta por la seriedad en la campaña. Contra el cachondeo. Contra el candidato que propone la autovía hasta Covadonga, así como el destino del AVE en el aeropuerto. Además, se quieren aprovechar de los símbolos del asturianismo, para los que se pide pedigrí. La cuadra de Gabino en Benia como el lugar de sus preocupantes maniobras políticas. Encontré que no sólo tenía cascada su voz, sino también su discurso, acaso el más flojo de todos los intervinientes en Mieres. Desafortunado estuvo cuando dio las gracias a todos como el vocalista de una orquesta de pueblo.
Y llega el momento estelar. Guerra que saluda a Asturias, a sus gentes, alusión amistosa a Villa, en primera fila. La intervención del que durante tantos años fuera número dos del partido y del Gobierno supuso la mayor paradoja imaginable. Si resulta que sus teloneros se dedicaron a atacar las humoradas de Gabino, el respetable se encontró con un contador de chistes, no llenos de sutileza, sino de esos que arrancan la risa fácil a iniciados y convencidos. Dijo sin sonrojo que él no tenía periódicos ni emisoras de radio, como sus adversarios políticos. Habló en contra del enriquecimiento desmesurado. Se permitió ironizar sobre Solbes, al que ve demasiado liberal, y se refirió, también, al primer edil ovetense, como Lorenzo de Médicis. ¿Les suena?
La barba de Rajoy, la fortuna de Pizarro, anécdotas sobre la presidenta madrileña. Y poco más. Defensor de la transición y de la Constitución. Estuvo mejor al final de su perorata, hablando de enseñanza y de cultura, de libros, de pedagogía social y cultural. Y el momento más afortunado fue cuando mostró sus reservas a las rebajas electorales. Con todo, se tomó cierta distancia con el Gobierno actual, por mucho que sea el suyo. Sus mejores momentos fueron aquellos en los que no estuvo chistoso.
Todo lo demás liturgia electoral. Clamores de Guerra.