Reggio’s Weblog

EL MUNDO, EN UN EDITORIAL, PIDE EL VOTO PARA EL PP Y PARA EL PARTIDO DE ROSA DIEZ

Publicado en Política by reggio en Marzo 6th, 2008

Aunque la ebullición política de la sociedad española alimentada por la teatralidad de los debates televisivos -auténtica novedad para los más jóvenes- recuerda el clima de mediados de los 90 y ha llevado a pronosticar que el domingo habrá una participación tan alta como la de marzo de 1996 -más del 77%-, la encrucijada de nuestra democracia es muy distinta, para bien y para mal, a la de entonces.

Lo es para bien porque el amplio movimiento de rechazo al Gobierno socialista no es consecuencia de terribles actos delictivos en el ámbito de la corrupción y el crimen de Estado como los que irán siempre vinculados a la imagen y memoria de Felipe González por muchos que sean los intentos de blanquearla en el baño de amnesia partidista de ésta o futuras campañas.

Pero también lo es para mal porque los graves errores cometidos durante la pasada legislatura desde el poder, en la medida en la que afectan a las reglas del juego y los consensos básicos de nuestra democracia, van a tener efectos estructurales duraderos y, a diferencia de lo ocurrido hace 12 años, no bastará para remediarlos ni la sustitución de un Gobierno por otro ni la acción depuradora de los tribunales.

Zapatero no ha actuado durante estos cuatro años como un gobernante despótico y peligroso, dispuesto a vulnerar cualquier norma con tal de perpetuarse en el poder, tal y como ocurrió con González. Hay que reconocer por el contrario que, salvo excepciones, ha respetado las formas de la democracia, ha mantenido una interlocución correcta con todos los estamentos y sectores de la sociedad española, se ha sometido al escrutinio de los medios de comunicación y del Parlamento y ha perseguido con insistencia una política basada en lo que él llama «ampliación de derechos», haciendo un desigual totum revolutum, que ayer coronó con su desafiante abrazo a un doctor Montes repudiado por la profesión médica.

Una agenda equivocada

Esos buenos modales han estado, sin embargo, al servicio de una agenda completamente equivocada, caracterizada por la reinvención de los conflictos del pasado, la primacía de lo marginal frente al interés común, la legitimación de los colectivos y prácticas más extremistas contra la moderación de las clases medias, la pasividad ante el deterioro de la economía y los graves estropicios causados a la identidad nacional, los valores constitucionales y la cohesión territorial de España. Sólo la magnitud y sustancia de estos yerros explica que un dirigente simpático y cordial que sólo cae muy mal a muy pocos esté siendo percibido como un riesgo por tantos y tantos ciudadanos como para que su primera reelección parezca estar en el aire el domingo.

Aunque en algunas áreas convenga relativizar ese riesgo -sólo una pequeña minoría de españoles están dispuestos a volver a las andadas cainitas por mucho revisionismo sectario que exista en el Gobierno-, hay otras en las que todo cuanto se advierta ahora puede resultar poco. El deterioro de la situación económica está siendo mucho más rápido de lo que las maquilladas estadísticas reconocen y sinceramente no vemos ni que Zapatero tenga los conocimientos y las ideas claras como para hacerle frente ni que Solbes disponga del vigor y los apoyos políticos que necesitaría para suplir esas limitaciones de su jefe. El fantasma del paro vuelve a pesar sobre la sociedad española, agravado esta vez por la insensata política de regularizaciones masivas de inmigrantes y su subsiguiente efecto llamada. Ni en la larga entrevista con el director de EL MUNDO ni durante los debates con Rajoy dio Zapatero la sensación de ser consciente de que está sentado sobre una auténtica bomba de relojería que él mismo ha puesto en marcha.

Asignatura pendiente

Peor aún es el panorama a medio plazo engendrado por la frivolidad de Zapatero al elucubrar sobre el concepto de Nación como algo «discutido y discutible» y por el aventurerismo con que sacó adelante el Estatuto de Cataluña sin consenso político en Madrid ni apoyo social suficiente en Barcelona. Un PSC banal y oportunista donde los haya es ya parte del entramado de fuerzas nacionalistas que colaboran en la dinámica separadora de los hechos consumados, aunque difieran en cuál debe ser su caracterización jurídica. Y en el trasfondo está la que para Zapatero sigue siendo asignatura pendiente de la negociación política con ETA. Por algo será que cuanto más dice que no lo volverá a hacer, menos españoles creen en ese compromiso.

Puesto que el PP ha acreditado su capacidad de afrontar con eficaces políticas liberalizadoras una crisis económica a la que puede parecerse mucho la que se avecina, puesto que la reducción de impuestos que ahora propone ya ha funcionado una vez, puesto que la mayoría de los españoles se muestran partidarios del Contrato de Integración con el que Rajoy quiere simbolizar el control de la inmigración, puesto que nada menos que un 88% de ciudadanos se declararon favorables a esa ley que permita estudiar en castellano en toda España a la que Zapatero dio la espalda en el segundo debate, no debería ser difícil argumentar que lo que más le conviene a nuestro país es el regreso al poder de quienes lo perdieron en tan singulares y dramáticas circunstancias hace cuatro años. Sólo con un Gobierno del PP podría, por cierto, relanzarse seriamente la investigación de la masacre del 11-M que el Parlamento cerró en falso y los tribunales mantienen entreabierta a la vista de las enormes lagunas que ha dejado la sentencia, pues los funcionarios que saben cosas que no han contado no hablarán mientras no se sientan a salvo de represalias políticas.

Es cierto, sin embargo, que pese a estos elementos que claramente incitan a votar al PP, una parte de nuestros lectores puede sentirse incómoda por la interrupción durante la segunda legislatura de Aznar del «viaje al centro» y por la ambigüedad y tardanza con que ahora parece haberlo reanudado Rajoy. A veces por posiciones de fondo, otras por una simple cuestión de formas, el caso es que la percepción del PP como un partido excesivamente situado a la derecha ha lastrado sus posibilidades de aparecer como alternativa ante muchos españoles y sobre todo le ha alejado de gran parte de los jóvenes.

En otras circunstancias casi podríamos decir que al PP le convendría consumar su travesía del desierto y afrontar su renovación durante otros cuatro años de oposición. Pero pensamos, con toda franqueza, que en el presente panorama a quien no le conviene eso de ninguna manera es a España. Pese a la buena campaña de Rajoy, el actual PP podrá no resultar tan atractivo e ilusionante como muchos votantes centristas desearían, pero al menos es un puerto de refugio fiable y seguro desde el que afrontar las tempestades que se avecinan. En los tiempos que corren las garantías de que alguien no jugará con las cosas esenciales no es un valor desdeñable.

El voto útil y el utópico

Por desgracia -y ésta es otra de las enormes desventajas respecto a 1996- no contamos hoy en el otro lado del espectro ideológico con una fuerza de implantación acreditada, dispuesta a defender los valores constitucionales con el temple y seriedad con que lo hizo la Izquierda Unida de Julio Anguita. Frente al patético seguidismo de Llamazares y ante el abandono por parte de Zapatero de las posiciones tradicionales del PSOE, sólo la emergente Unidad Progreso y Democracia (UPyD) de Rosa Díez -que antes o después debería fusionarse con Ciutadans- puede ofrecer una opción atractiva a aquellos votantes de izquierdas comprometidos con la unidad nacional que jamás apoyarán al PP.

Aunque el futuro de ese nuevo partido sea una incógnita, no hay ninguna duda de cuál sería el papel que con su valentía y claridad de siempre desempeñaría en el Parlamento Rosa Díez. Pedimos pues el voto útil, el voto del sentido común, la afinidad programática y el pragmatismo para el PP y el más utópico, idealista y contracorriente para ella. Buenos días y buena suerte… sólo para el que se la merezca.

© Mundinteractivos, S.A.

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Sin política exterior en campaña electoral, de Araceli Mangas Martín en El Mundo

Publicado en Internacional, Política by reggio en Marzo 6th, 2008

TRIBUNA LIBRE

A diferencia de hace cuatro años, con el mar de fondo de la invasión de Irak, las relaciones internacionales apenas ocupan frases aisladas en los discursos de los dos grandes partidos políticos. Rajoy se centra en un reproche: la pérdida de peso de España en el mundo. Zapatero no sabe ni recuerda si tuvo peso o no; como el abuelo porretas sólo habla de su batalla (la retirada de Irak). En su primer debate cara a cara reservaron un apartado a la «política exterior y terrorismo», pero se habló de ETA. Cuando hablaron de los «retos de futuro» me congratuló que Rajoy comenzara mencionando la globalización y las economías emergentes como China e India, pero, sin más, enlazó con la ficha de los jóvenes y la vivienda…

En efecto, la política exterior no está en el aldeano debate electoral, pero el lector sabe que el mundo global y abierto condiciona nuestra vida (como la cooperación frente al terrorismo internacional) y hacienda (la hipoteca o el empleo). Tiene razón el PP en su programa electoral, «la política exterior importa… a la vida diaria de las personas».

De entrada, ambos líderes son de andar por casa. Son por igual refractarios a las relaciones internacionales, pero al menos sus partidos guardan las formas y se pronuncian sobre propuestas de política exterior reconociendo que deben tener una cierta estabilidad y unidad en la defensa de los intereses generales y en sus acciones concretas. Pero no lo practicaron: en estos cuatro años, el enfrentamiento navajero entre los dos grandes partidos ha llegado, como no lo había hecho antes, a la política exterior.

Hay que advertir que la retórica y las frases hueras pueblan ambos programas, pero el socialista tiene una mayor concreción, amplio argumentario y compromiso, encarando variados y complejos aspectos que afectan a la política exterior (comercio exterior y control de armamentos, cooperación al desarrollo, la no proliferación nuclear, negociaciones de Doha, presencia en organizaciones como el FMI, Banco Mundial, el examen de cada operación humanitaria, etcétera). Sólo la cooperación al desarrollo tiene alguna concreción entre los populares.

Me limitaré a las prioridades estratégicas. Iberoamérica lo es para ambos partidos, máxime en un mundo globalizado en el que las empresas españolas se mueven como pez en el agua. La pecera iberoamericana empieza a ser incómoda con los gobiernos etno-nacionalistas. Los socialistas propugnan un marco jurídico seguro y estable para las inversiones en América Latina, militando por su incidencia positiva en el desarrollo sostenible; los populares ofrecen protección a los intereses legítimos de las empresas españolas en cualquier parte del mundo sin exigir un compromiso con las sociedades de acogida. Desde el ingreso en la Unión Europea hay que notar que la estrategia de España hacia Iberoamérica se ha hecho más compleja: al eje bilateral (público y privado) se añade el multilateral comunitario en el que no hay discrepancias.

Sobre la UE ambos partidos se mueven en las generalidades. Se echa en falta una visión más nacional de la integración europea que de forma inteligente y discreta defendió Felipe González al igual que los grandes líderes europeístas como el cristiano Kohl o el socialista Miterrand. En clave interna los socialistas se hacen eco de la reivindicación autonómica de mayor presencia directa en Europa para concluir proponiendo el viejo modelo de la Conferencia sectorial, a falta de patriotismo en ambos partidos para consensuar la reforma la Constitución y contar con un verdadero Senado. Los populares no relacionan a las comunidades autónomas con Europa, si bien tuvieron el mérito de haber sido los iniciadores de esa presencia con el Pacto de Gobernabilidad con CiU en 1996. ¿Esperarán a los resultados electorales?

Los dos partidos dan por perdido nuestro protagonismo en el Mediterráneo y el marco de «seguridad cooperativa» que se ideó en la Conferencia de Barcelona. Nos hemos adherido de forma voluble y oportunista a la misteriosa Unión Mediterránea de Sarkozy. Sólo los socialistas se acuerdan de nuestra antigua colonia de Guinea Ecuatorial que cumplirá 40 años de independencia y a cuya sociedad hay que ayudar «para avanzar en la democratización, el respeto de los Derechos Humanos, la distribución de su (inmensa) riqueza y el desarrollo económico del país». Y en ese maremágnum de problemas e intereses que hoy es Africa para España (inmigración masiva y grandes recursos energéticos) hay que añadir las dudas teológicas sobre el destino del Sáhara de nuestros pecados: ambos partidos propugnan un acuerdo entre las partes en el marco del Derecho Internacional, añadiendo sólo el PP «y las resoluciones de la ONU», lo que nos lleva al referéndum sin mencionarlo. Los socialistas parecen conformarse con un Sáhara autónomo y sometido al lábil sátrapa de Marruecos; los saharauis no tendrán la solución de los kosovares. El mundo al revés.

Gibraltar no puede faltar a la cita. Pero es sintomático que el programa del PSOE lo incardine dentro de su política europea. Se ufanan de los Acuerdos de Córdoba de 2006 que comportan un acercamiento y muchas concesiones a Gibraltar, y no son precisamente una pica en el Peñón… Sí lo fueron los Acuerdos sobre el aeropuerto de 1987… aunque inútiles. El PP se opone «a toda iniciativa que conlleve una renuncia por parte del Reino Unido a su responsabilidad internacional sobre Gibraltar»; pero no ofreció alternativa en sus ocho años de gobierno al colapso de la verja y a la mano dura con los llanitos. Realismo y resignación resumen la posición socialista con Gibraltar, cuando aún tenemos que pagar los platos rotos (cierre de la verja) por la dictadura franquista. El tiempo dirá si haber reconocido al Gobierno gibraltareño como una parte diferenciada es un precio demasiado alto.

Las relaciones transatlánticas fueron la principal víctima de la victoria socialista en 2004. En el programa del PSOE apenas ocupan unas líneas centradas en el retorno de los investigadores o en la difusión del español. No mencionan los socialistas, ni se lo reprochan los populares, que para congraciarse con los EEUU, el Gobierno socialista autorizase de hecho el uso del espacio aéreo y de aeropuertos españoles en el traslado de centenares de personas secuestradas para ser torturadas. Pero ambos programas coinciden en la proclama de los valores que defenderán en su política exterior (¿lo adivinan?): los Derechos Humanos, la paz, la democracia… Y los dos partidos callan sobre el Convenio de Cooperación para la Defensa de 1988 (las bases militares) que habrá que revisar o prorrogar en la nueva legislatura.

No extraña que muchos párrafos del programa socialista se dediquen a la «alianza de civilizaciones». Tampoco la gente responsable del PP pudo escapar a la suicida «lucha de civilizaciones» de Aznar que aún sigue defendiendo lanza en ristre por el mundo. El culto al «líder máximo» (a la norcoreana o el «prietas las filas» del franquismo) es una exigencia de los dos grandes partidos, lo que da la medida de su mediocridad y de nuestro azaroso destino. Pocos se atreven a criticar la insoportable levedad de sus dirigentes.

Finalmente, el problema más grave de la política exterior de España no es la falta de partituras aceptables. Es verdad que no debería haber grandes discrepancias por el bien de la unidad y estabilidad de nuestra política exterior. El problema es de personas. Desde la muerte del gran ministro Fernández Ordóñez (no era diplomático de Carrera) pocos ministros de Asuntos Exteriores se han acercado a su nivel de competencia, entrega, sentido común y equilibrio. Desde 1996 han sido absolutamente incompetentes, o frívolos, o de gran torpeza mental… o todo a la vez. De qué sirven las partituras si quien lleva la batuta no sabe leer música y el dueño del teatro huye del concierto (internacional)…

Araceli Mangas Martín es catedrática de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad de Salamanca.

© Mundinteractivos, S.A.

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Sin motivos para el optimismo, de Francesc de Carreras en La Vanguardia

Publicado en Política by reggio en Marzo 6th, 2008

Encerrado en mi coche, escucho los programas matutinos de radio. Paso de una emisora a otra. Para recorrer un trayecto de veinte kilómetros estoy una hora y cuarto. Es el embotellamiento diario de la ronda Litoral de Barcelona durante las horas punta que después prosigue por la autovía C-58, en dirección a Sabadell y Terrassa. Aunque da igual la dirección que se emprenda: también en lentísimas colas los automóviles van entrando en Barcelona, también están atascados quienes intentan acceder a la ciudad procedentes del Maresme. La radio informa que hay paros intermitentes en las vías de entrada a Barcelona por el sur y advierte del atolladero que se ha producido en el túnel de Vallvidrera. En fin, el habitual pequeño drama de cada día, las mil dificultades de los barceloneses metropolitanos para llegar puntualmente al trabajo por las mañanas y volver a casa por las tardes.

¡Una hora y cuarto para veinte kilómetros! ¡Montado en el AVE casi habría llegado a Zaragoza!

Era el martes pasado por la mañana, el día después del segundo debate Zapatero-Rajoy. Me pregunto qué pensarán los sufridos automovilistas que resignadamente hacen cada día el mismo trayecto y se encuentran con semejantes dificultades, qué pensarán del debate de la noche anterior, de nuestros políticos y de la política, ¿irán a votar el próximo domingo?, ¿cómo influirá en su voto este penoso vía crucis diario? En una valla publicitaria el PSC se proclama representante de la Catalunya optimista. Caramba, caramba. Osea que esto existe. ¿Hay motivos para el optimismo?

Motivado por la situación en que me encuentro, cavilo sobre nuestras infraestructuras. Hoy todos parecen estar preocupados por el tema: no hay buenas infraestructuras porque no ha habido inversiones suficientes. Quizás. Ahora bien, me acuerdo de los tiempos pasados, de los tiempos en que CiU reinaba felizmente en Catalunya. Nunca las infraestructuras fueron una prioridad. Entonces no se hablaba de autovías, ni de ferrocarriles, ni de aeropuertos, ni de energía, ni de agua. Se hablaba siempre de algo mucho más importante: de Catalunya.

Sí, se hablaba siempre de nuestra identidad y de los peligros que la amenazaban, de aumentar la autonomía y obtener mayores cotas de autogobierno, de obtener más traspasos de competencias, de alcanzar finalmente la soberanía, de permanecer fieles a nuestra historia milenaria, del definitivo encaje en España. Identidad, autogobierno, encaje: misteriosas palabras, metafísica y teología. Se trataba de un amor a Catalunya que, en definitiva, no era más que ambición de poder. ¿Poder para qué? Para obtener todavía más poder, hasta poseerlo al completo, sin límite alguno. Estas eran las preocupaciones. Lo importante era el ser, no el existir. Pensar en las infraestructuras era una vulgaridad indigna. Aún Jordi Pujol, en esta campaña, va repitiendo que lo más urgente del momento es recuperar “nuestra” dignidad, hoy por lo visto perdida.

Pero vinieron sus adversarios, formaron el primer gobierno tripartito, hubiera sido normal que las cosas cambiaran. Pues no: empeoraron. En lugar de preocuparse el nuevo Govern de los problemas reales de los catalanes comenzó la pesadilla del nuevo Estatut, cuya principal finalidad era idéntica a los objetivos de la etapa anterior: reforzar la identidad, obtener, cómo no, más poder para Catalunya, alcanzar mayores cotas de autogobierno y llevar a cabo un nuevo pacto con España que resolviera el famoso y enigmático encaje. Se aprobó el Estatut con besos y abrazos, hay fotografías que lo muestran. Pero siguen los mismos problemas, agravados por el paso del tiempo. Entre ellos, las infraestructuras. Tras casi cinco años de tripartito, estos problemas siguen sin perspectivas de solución.

Todo ello lo recordaba el oportuno y certero editorial de La Vanguardia del domingo pasado: no hay acuerdo en el Govern sobre el cuarto cinturón, ni sobre la línea de alta tensión con Francia, ni por dónde debe pasar el AVE en su travesía por Barcelona, ni sobre la reforma de la enseñanza secundaria. No se hizo el trasvase del Ebro y ahora hay que ir a buscar el agua a Almería. El Govern Montilla, más sosegado que el anterior, es igualmente ineficaz: paralizado por sus contradicciones internas, consciente de que el nuevo Estatut no sirve para nada, puro humo y tiempo perdido, como era evidente desde el primer día, ni es capaz de llevar adelante los proyectos en marcha ni menos todavía lo será de emprender nuevos proyectos. El AVE ha llegado a Barcelona y falta poco más de un año para que la nueva terminal del aeropuerto - de hecho, un nuevo aeropuerto- esté finalizada, proyectos ambos del Estado, por cierto, aprobados bajo gobiernos del vilipendiado Partido Popular. Pero nada más.

Mientras, cada vez más atascos en las entradas y salidas de Barcelona. Atascos que polucionan mucho más el medio ambiente que exceder los 80 km/ h de velocidad, esa ingenua y piadosa prohibición, una medida cuya efectividad me recuerda a aquel famoso papel de plata de los envoltorios de chocolate que recogíamos de pequeños para remediar el hambre del Tercer Mundo. No, por el momento, el actual Govern no da motivo alguno para el optimismo.

FRANCESC DE CARRERAS, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB

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El mito de Sísifo, de Ricard Zapata-Barrero en La Vanguardia

Publicado en Derechos, Política by reggio en Marzo 6th, 2008

DEBATE: La inmigración

Vistos los claros objetivos electoralistas que animan el debate sobre la inmigración, donde prevalece más el supuesto interés del ciudadano frente al interés del inmigrante, donde todo se mide en términos de efectos negativos sobre nuestro bienestar personal y autointeresado, donde no importan los derechos humanos, sino los supuestos peligros en términos de seguridad y de mantenimiento de una supuesta identidad nacional histórica, los que trabajamos el tema desde el punto de vista constructivo, los que trabajan diariamente en los barrios y ciudades a través de las ONG, las asociaciones de inmigrantes y otros colectivos, la sensación general de tener que incorporar estos discursos que tienen como objetivo arrancar el voto al ciudadano desinformado presa de una sociedad materialista es casi unánime.

Estos discursos de la seguridad y de la identidad retrógrada no solucionan nada, sino que forman parte del problema que resolver. Estamos en pleno escenario de Sísifo de la mitología griega. Según algunos, había revelado los designios de los dioses a los mortales; según otros, no quería morir y nunca moriría a cambio de un alto precio: en el infierno Sísifo fue obligado a empujar una piedra enorme cuesta arriba por una ladera empinada, pero antes de que alcanzase la cima siempre rodaba hacia abajo, y Sísifo tenía que empezar de nuevo. ¡Así hasta la eternidad! Esta imagen de castigo fue usada por Camus como metáfora existencialista del esfuerzo inútil de la persona contemporánea.

Cada discurso electoralista que estigmatiza al inmigrante, que sólo revela todo aquello que nos incomoda, simboliza una caída de la piedra y una vuelta a empezar. Por hacer referencia a las inoportunas declaraciones del señor Cañete hace unos días, el estar sentado en un bar cómodamente, y pedir un café y que no nos entiendan molesta al común ciudadano acomodado, sin plantearse cómo esta persona ha llegado aquí, sus problemas y dificultades diarias de vida. Esta situación es una imagen directa de nuestra sociedad hipócrita, que vive de la inmigración, pero no quiere que le altere su cotidianidad.

Debemos plantearnos cómo romper este castigo divino de Sísifo. La concesión de derechos políticos a los que tengan residencia permanente (cinco años de estancia ininterrumpida) es el primer paso para ser más los que votan y los que puedan decir no a este espectáculo populista que deshumaniza la vida pública. Al final deberá ser el voto inmigrante el que introduzca humanidad al discurso político.

RICARD ZAPATA-BARRERO, profesor titular de Teoría Política, UPF. ricard.zapata@upf.edu

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El servicio público de comunicación, de Anna Clua en El País de Cataluña

Publicado en Medios, Política by reggio en Marzo 6th, 2008

El Colegio de Periodistas de Cataluña y el Sindicato de Periodistas de Cataluña se pronunciaron en enero sobre la reciente elección del presidente de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales. Los periodistas colegiados y sindicados de Cataluña coincidieron en denunciar la consolidación de políticas de comunicación que, a su juicio, comportan el control de las radios y televisiones públicas por parte de los partidos políticos. El ente colegial llegó incluso a llamar a la sociedad civil a participar en “una plataforma cívica en defensa de los medios públicos”.

Por aquellas fechas, la Assemblea per la Comunicació Social (ACS) había presentado un recurso de reposición ante el pleno del Consejo del Audiovisual de Cataluña (CAC) contra el último concurso para la adjudicación de concesiones del servicio público de radiodifusión en FM (publicado el 21 de diciembre de 2007). La entidad ciudadana sostuvo que el pliego de condiciones para acceder a una licencia de radio favorecía a los operadores privados de carácter comercial. ACS pedía reformular los términos del concurso para garantizar (según establecen los artículos 70 y 71 de la Ley del Audiovisual) que los proyectos de comunicación sin ánimo de lucro pudieran ejercer su derecho a hacer uso de las ondas hertzianas. En febrero, el pleno del CAC desestimaba la petición argumentando, entre otras cosas, que el concurso no excluye a los medios de comunicación de iniciativa ciudadana puesto que la actividad no lucrativa de los mismos “no es incompatible con el carácter comercial de la gestión del servicio de radiodifusión sonora” .

Estos dos casos ofrecen una buena base para reflexionar sobre el concepto de “servicio público” que cabe atribuir a los medios de comunicación audiovisuales en la actualidad (ya sean gestionados directamente por la Administración, o indirectamente por particulares). Tanto las normas reguladoras vigentes en materia audiovisual como los códigos éticos de la comunicación (en su aplicación profesional y en su demanda social) establecen que cualquier uso de los espacios televisivos y radiofónicos constituye un servicio a la sociedad. Al menos, ésta es la teoría. A la práctica, no obstante, asistimos a una inversión de términos. Allí donde deberíamos encontrar flujos de comunicación dignos de la Era de la Información, encontramos formas de control y de hegemonía más bien propias, como ya dijera Jürgen Habermas, de un nuevo sistema feudal.

La palabra servicio procede del latín servus (’esclavo’). Lo que los periodistas profesionales y los ciudadanos coinciden en destacar con sus respectivas demandas es la falta de debate público sobre quién se pone al servicio de quién, y qué es lo que se está poniendo en juego. El planteamiento de estas cuestiones debería alejarse de la identificación de lo público con lo gubernamental, como polo opuesto a lo privado / comercial. Hoy día se precisa una mirada más compleja y menos dicotómica del paisaje mediático. No cabe confundir la reivindicación del servicio público de comunicación con el estatalismo monopolista. De igual modo, sería una irresponsabilidad por parte del Gobierno que los derechos y libertades en materia de expresión y acceso a la esfera pública fueran reducidos a pura lógica neoliberal. El mayor peligro de la falta de planificación de los medios de comunicación es precisamente el debilitamiento de lo público (como derecho de la comunidad) frente al auge de lo privatizable. Es imprescindible, pues, reconocer que lo que aquí está en juego no es solamente el tipo de periodismo que ha luchado durante años por comunicar en libertad, sino la noción misma de ciudadanía.

Anna Clua es profesora de la UOC.

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Ideologías, de Luis Daniel Izpizua en El País del País Vasco

Publicado en Política by reggio en Marzo 6th, 2008

Todas las encuestas señalan que nada va a cambiar. Con pequeñas variaciones, apuntan a una situación similar a la de la legislatura anterior -una mayoría ajustada para el ganador- y la única sorpresa que pudiera esperarse es la de un cambio de siglas en la cabecera del Gobierno. Pasados los días de exaltación o de frustración, los optimistas o los escépticos podrán concluir que este cuento se ha acabado y que regresaremos a la normalidad, a la rutina. Me gustaría poder opinar lo mismo y dejar de preocuparme por ese día después que las encuestas me lo anuncian poco tranquilizador. Hay demasiadas cosas que se han roto estos últimos cuatro años como para respirar tranquilo ante un panorama similar al que acabamos de dejar. Se han roto los consensos básicos, y se ha roto también algo mucho más grave, algo que tiene que ver con la honestidad de nuestros discursos, con el respeto a las palabras, que han dejado de constituir un terreno común en torno al que entenderse o sobre el que disentir, y han pasado a conformar idiolectos instrumentales, proyectiles distorsionados que nunca significan lo que se cree que debieran significar.

Es evidente que hay conceptos políticos, como libertad, justicia, solidaridad, patriotismo, cuyo significado es variable, tan diverso como para definir los distintos alineamientos ideológicos. Ninguno de ellos es ya patrimonio de un campo determinado y vemos cómo todos ellos configuran el horizonte ideológico de cualquier opción política. La lucha por la libertad, la igualdad y la fraternidad, que había sido una seña de identidad de la izquierda, ya no le pertenece en exclusiva a ésta desde el momento en que ha sido reivindicada también por su tradicional oponente político, la derecha. Desde esta perspectiva, adquiere pleno sentido la actual tendencia a negar la división tradicional del espectro político en izquierda y derecha y ceñirse a los resultados prácticos de las realizaciones concretas para valorar el mayor o menor avance en el terreno de la libertad, la igualdad o la solidaridad. Ante un horizonte ideológico uniforme no caben las distinciones tradicionales y el único criterio de validación parece ser el de la eficacia…o el de la apropiación exclusiva de los conceptos por desenmascaramiento del contrario. Todos luchan por la libertad, por ejemplo; lo que no está claro es que la libertad signifique lo mismo para todos. El enfrentamiento ideológico no se define ya por la diferencia de los objetivos, sino por la mejor o peor definición de los mismos. Se trata, en definitiva, de una batalla semántica en la que quien mejor enmascara es el que desenmascara mejor.

La derecha conservadora española lleva años tratando de rejuvenecerse ideológicamente. La tarea es encomiable, aunque a algunos nos deje perplejos y resulte todavía pedestre. Han conseguido apropiarse, por ejemplo, de la idea de libertad y situarla en el centro de su actuación política, y tratan de hacer lo mismo con la igualdad. La operación, altamente propagandística, lleva pareja por necesidad una campaña de desprestigio de la izquierda, a la que se le acusa de liberticida y no igualitaria. En nombre de la libertad, la derecha conservadora condena el laicismo y defiende a la Iglesia católica, condena el aborto y defiende el derecho del nasciturus, reprueba la asignatura Educación para la Ciudadanía y defiende la enseñanza religiosa escolar, opone de continuo legalidad y legitimidad, conciencia individual y poder opresor del Estado.

Es aquí, creo, en el papel del Estado como garante de los derechos y libertades, donde se libra la batalla por la libertad y la igualdad, donde se enfrentan derecha e izquierda, o conservadores y progresistas. Una batalla desigual, en la que la derecha no renuncia a un arsenal dialéctico a veces innoble frente a una izquierda incapaz de renovar sus argumentos ideológicos y a la que sólo se le ocurre acusar a su oponente de franquista. ¿Modificarán este panorama los resultados electorales?

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Clamores de Guerra, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

Publicado en Política by reggio en Marzo 6th, 2008

Gentes a pie, autobuses, camino del mitin. Y banderas de plástico para la ceremonia. Empieza la liturgia. El alcalde de Mieres, primer telonero que advierte de los peligros de la derecha. Y -¡date!- hace que el discurso gire en torno a Gabino y sus localismos, que en su momento se opuso al campus universitario de la que fue capital minera. O sea, que el primer edil de Oviedo protagoniza la campaña del PSOE astur. Ningún  alcalde asturiano del rojerío es obsesión del regidor vetustense. Miren por dónde.

Diana González habló de los sueños que se cumplen gracias al Partido Socialista. Mujer de fe, retórica de total convencimiento. No le escasea la voluntad.

Javier Fernández no parece mal mitinero. Tuvo claridad cuando habló de la memoria y de  la emigración. Fueron atinadas sus críticas a Aznar. El pasado se debe escuchar. Rindió, no obstante, tributo a la fijación mental con respecto a Gabino de Lorenzo.

Álvaro Cuesta, voz cascada. Apuesta por la seriedad en la campaña. Contra el cachondeo. Contra el candidato que propone la autovía hasta Covadonga, así como el destino del AVE en el aeropuerto. Además, se quieren aprovechar de los símbolos del asturianismo, para los que se pide pedigrí. La cuadra de Gabino en Benia como el lugar de sus preocupantes maniobras políticas.  Encontré que no sólo tenía cascada su voz, sino también su discurso, acaso el más flojo de todos los intervinientes en Mieres. Desafortunado estuvo cuando dio las gracias a todos como el vocalista de una orquesta de pueblo.

Y llega el momento estelar. Guerra que saluda a Asturias, a sus gentes, alusión amistosa a Villa, en primera fila. La intervención del que durante tantos años fuera número dos del partido y del Gobierno supuso la mayor paradoja imaginable. Si resulta que sus teloneros se dedicaron a atacar las humoradas de Gabino, el respetable se encontró con un contador de chistes, no llenos de sutileza, sino de esos que arrancan la risa fácil a iniciados y convencidos. Dijo sin sonrojo que él no tenía periódicos ni emisoras de radio, como sus adversarios políticos. Habló en contra del enriquecimiento desmesurado. Se permitió ironizar sobre Solbes, al que ve demasiado liberal, y se refirió, también, al primer edil ovetense, como Lorenzo de Médicis. ¿Les suena?

La barba de Rajoy, la fortuna de Pizarro, anécdotas sobre la presidenta madrileña. Y poco más. Defensor de la transición y de la Constitución. Estuvo mejor al final de su perorata, hablando de enseñanza y de cultura, de libros, de pedagogía social y cultural. Y el momento más afortunado fue cuando mostró sus reservas a las rebajas electorales. Con todo, se tomó cierta distancia con el Gobierno actual, por mucho que sea el suyo. Sus mejores momentos fueron aquellos en los que no estuvo chistoso.

Todo lo demás liturgia electoral. Clamores de Guerra.

«No se descarta…», de Javier Ortiz en Público

Publicado en Política by reggio en Marzo 6th, 2008

Supongo que conocerán ustedes la historia. El pasado domingo, las radios y las televisiones situaron la noticia en sus cabeceras: “Detenidos dos de los terroristas etarras más buscados”. Los periódicos recogieron el asunto el lunes, aunque con distintos tratamientos. Un importante diario precisó que era “la primera captura de terroristas de ETA de la Policía autonómica desde marzo de 2006”. La cosa parecía no ofrecer duda, porque los dos detenidos, Oroitz Aldekoa-Otalora y Adurne Salterain, figuraban en una tétrica lista de etarras difundida por el Ministerio del Interior días antes.

Pero nada era tan obvio. Poco a poco empezó a aclararse, gracias a la intervención del abogado de la pareja arrestada y a las constataciones de la propia Audiencia Nacional, que Aldekoa y Salterain se habían limitado a alojar a un amigo de la infancia, Gorka Lupiañez, que les dijo que no podía ir a su casa porque tenía problemas familiares. Cuando se enteraron de que Lupiañez  había sido detenido y estaba acusado de ser de ETA, se ofrecieron a testimoniar ante la Audiencia para aclarar el embrollo, pero aún no habían recibido respuesta del juez. Al final, su alegato se ha abierto paso y han sido puestos en libertad sin fianza.

El asunto podría considerarse un error desagradable, sin más, si no fuera por el concurso de varias circunstancias agravantes de trascendencia social. Una: está claro que Interior elabora sus listas de “más buscados” sin cubrir los mínimos imprescindibles de indagación previa. Dos: tanto Interior como la Consejería vasca se precipitan también mucho a la hora de atribuirse “operativos importantes” y felicitarse mutuamente. Tres: es indignante el uso continuo y machacón que unos y otros –bastantes medios de comunicación incluidos– hacen de la expresión “no se descarta” (en este caso, casi nadie “descartó” que los dos detenidos pudieran ser autores de diversos atentados). Y cuatro: casi nunca hay proporción entre el ruido que se arma a la hora de acusar alegremente y la discreción que se emplea cuando se rectifica lo afirmado sin fundamento.

Más que lo sucedido en este caso, es inquietante el panorama que muestra.

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‘Sociatas’ desesperadas, de Nacho Gay en El Confidencial

Publicado en Política by reggio en Marzo 6th, 2008

De un tiempo a esta parte, se ha puesto tan de moda vocear el voto en este país que, si la cosa sigue por estos derroteros, dentro de cuatro años es posible que nos ahorremos el trámite de pasar por las urnas. Y en este empeño -que un servidor como ciudadano vago agradece, pero como telespectador no tanto-, laSexta emitió el pasado domingo un reportaje en el cual algunos famosetes desvelaban el color de sus camisetas políticas.Le ha dado a la cadena de Emilio Aragón por programar en tiempos de campaña una colección de documentos audiovisuales a medio camino entre el reportaje informativo -a veces no tanto- y el documental español -un género en sí mismo- en los que, todo hay que decirlo, han corregido un poco la descarada deriva izquierdista de sus informativos. En el que emitieron el domingo, como ya se ha señalado, ciertos personajes de la cultura, de la contracultura, de la subcultura y de la no cultura (como Fernando Sánchez Dragó) se significaron políticamente para mayor gloria de los candidatos a ocupar un pisito de lujo llamado Moncloa.

Mucho prometía la cosa, pero en realidad había poco percal. Sobre todo porque la mayoría de los personajes que se sucedían en imagen ya habían hecho públicas en más de una ocasión sus preferencias políticas. Y también porque, a pesar del esfuerzo de contención que hicieron los de laSexta, es público y notorio que los trabajadores de esta casa -al menos los que cortan el bacalao- se levantan todos los días con el pie izquierdo, así que la cosa pintaba color tomate. Se trataba, pues, de un reportaje tan previsible como un debate entre candidatos a la presidencia del gobierno o como un ataque sorpresa de los Power Rangers.

Un servidor lo vio a ratos, para no hartarse. Mientras en los otros echaba un vistazo a Mujeres Desesperadas, cuyos nuevos capítulos se están emitiendo en Fox los domingos. Y no había color, sinceramente; resultaban mucho más atractivas las mujeres perfectas que protagonizan esta soap opera contemporánea, tan equivocada en su concepción del mundo como divertida. Aprovecho para recomendarles Fox encarecidamente. No sólo porque es una cadena dedicada en su totalidad a las series americanas, algunas de las cuales representan, como ha dicho alguna vez el crítico Carlos Boyero, el mejor cine yanqui que se está haciendo hoy en día, sino porque además es el único canal del globo terráqueo en el que ver los bloques publicitarios merece realmente la pena, ya que las autopromociones que ellos mismos hacen de sus series a veces son incluso mejores que el producto final.

El hecho es que, entre unas cosas y otras, acabé mezclando lo uno con lo otro: las aventuras de las amas de casa de Wisteria Lane con las desventuras de los representantes del folclore popular español. ‘Sociatas’ desesperadas, se llamaría el híbrido. Mientras unas se quejaban de lo que cuesta sacar adelante una familia cool, las otras lamentaban tener que soportar las nefastas consecuencias de posicionarse ideológicamente en un estado tan antichic como España. Por ejemplo, que te llamen untado o titiritero. “Poner la cara… para que te la partan”, decía Pilar Bardem. Pues no haberla puesto, mujer.

La mejor de todo el reportaje, eso sí, fue la respuesta de una popular periodista de la COPE, de nombre impronunciable, ante la pregunta de a quién tenía pensado votar el 9 de marzo: “No contesto porque influir en el voto en una u otra dirección no es propio del periodista”, dijo. Y se quedó tan ancha, la tía.

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Gallardón y Aznar, de las pesquisas de Marcello en Estrella Digital

Publicado en Política by reggio en Marzo 6th, 2008

Hemos visto a John McCain en las puertas de la Casa Blanca, recibiendo el apoyo del presidente Bush y su reconocimiento como candidato oficial del Partido Republicano en las elecciones presidenciales del próximo mes de noviembre. Ha sido un acto político y mediático de primera magnitud, en el que ambos políticos han intercambiado elogios y no han eludido ninguna de las preguntas que les plantearon los informadores, incluso aquellas más embarazosas para Bush sobre el deterioro de su liderazgo y la mala imagen que puede proyectar sobre McCain en la campaña electoral si participa en ella, lo que con firmeza y cortesía ha anunciado y agradecido el candidato republicano.

En España, en el flanco conservador de la política, es Aznar —aunque esté oficialmente fuera del escenario político— quien representa el modelo y el desgaste que ha tenido Bush en su país, ambos especialmente, por la guerra de Iraq. Con el añadido de que Aznar, además, fue la persona que impuso en el PP a Rajoy como su sucesor. Y decimos esto porque en el seno de los populares, y ante los pronósticos de las encuestas y los rumores de derrota del PP, ya han comenzado a hacerse cábalas sobre qué va a pasar en el día después del 9 de marzo si Rajoy vuelve a perder. Naturalmente, habrá que ver si se confirma dicho presagio, y a qué diferencia de escaños se queda el líder del PP de su adversario, Zapatero, en caso de derrota.

Pero si llega la derrota del PP —lo que ayer mismo no se atrevía a confirmar Zapatero, temeroso del nivel de participación—, hay que saber que Aznar, en un congreso del PP, puede tener una participación decisiva a favor de uno u otro de los posibles candidatos en liza, que sólo pueden ser tres: Gallardón, Aguirre y Rato. Si Rajoy pierde por mucho, la candidatura de Aguirre será muy difícil que prospere, por cuanto la madrileña fue responsable directa de la expulsión de Gallardón de la lista de Madrid. Sobre Rodrigo Rato nada se sabe porque el ex vicepresidente del Gobierno sigue sin desvelar —ayer reapareció en un mitin de Rajoy en Cataluña— si tiene o no la ambición de liderar el PP. El que sí la tiene es Gallardón, aunque el alcalde de Madrid es consciente que en el aparato del partido, y en el Congreso del PP, no tiene muchos apoyos, y en todo caso puede tener menos que Aguirre o que Rato, si uno de los dos fueran sus adversarios.

Sin embargo, Gallardón sabe que si contara con el apoyo de Aznar (el de Fraga ya lo tiene) sus posibilidades de liderar el PP serían muy altas, por más que Aguirre insista en ser ella la sucesora de Rajoy. Y ¿qué es lo que podría influir en Aznar para apoyar a Gallardón? Pues, simplemente, la necesidad de contar con un líder que tenga ascendencia en el centro de la política y que no esté contaminado con los errores que han provocado la derrota del 2004 y la posible derrota del 2008. Es decir, Aznar apostaría a caballo ganador con Gallardón, siempre y cuando Rato no esté en carrera.

Puede que, en las últimas horas o días, Aznar y Gallardón hayan acercado posiciones, quizás con la mediación de Ana Botella, porque hemos visto al alcalde de Madrid haciendo gestos de rectificación —cantó a su amor al PP— de aquellas primeras declaraciones en las que, tras ser descabalgado de la lista del PP por Madrid, afirmó que tras las elecciones se tomaría un tiempo de reflexión sobre su futuro político. ¿Acaso Gallardón ha cambiado ya de opinión?

Si fuera cierto que Gallardón está a favor de una reforma democrática y de otras maneras de hacer política, quizás lo mejor para él, y para la política española, sería que intente una opción de centro en las elecciones europeas del 2009, que son de circunscripción única, y por tanto favorables para el inicio de cualquier nuevo proyecto político. Porque la necesaria reforma del sistema políticos español en pos de una democracia plena no se podrá hacer desde el PP, donde tantos, que aportan poco, viven de la política, y donde el virus partitocrático de la mediocridad está enquistado como en el PSOE.

Pero el alcalde de Madrid da la impresión de que ha visto en la mano de Aznar una manzana tentadora al alcance de su boca, y todo apunta a que, si es así, no se va resistir la tentación de ir a un Congreso del PP a guerrear. Sin embargo, y como le ocurrió en la lista de Madrid, a Gallardón lo pueden volver a engañar con promesas que no se cumplen, si por ejemplo al final salta Rato a la palestra, o Aznar cambia de opinión a favor de Aguirre, o incluso si Aznar decidiera volver él mismo al primer rango del PP.

A Gallardón lo pueden engañar, entre otras cosas porque en el PP más de uno cree saber o sospecha que Gallardón puede estar meditando la idea de liderar un tercer partido de centro, y sus adversarios ya tienen planes para abortar esa operación haciéndole creer que el presidente del PP puede ser él. A sabiendas de que si el alcalde no rompe con el PP en los días inmediatos a las elecciones del 9 de marzo (a lo más tardar después de Semana Santa), ya no tendría argumentos para escapar con una cierta dignidad.

De manera que atención a los últimos mensajes de amor eterno al PP de Gallardón, y a la trampa de elefantes que le están tendiendo a sus pies. Es verdad que aún es pronto para especular sobre el futuro del PP, pero sólo faltan tres días para que se levante el telón del escenario nacional.