Reggio’s Weblog

Una situación extraña, de Nicolás Sartorius en El País

Publicado en Política by reggio en Marzo 4th, 2008

Es realmente extraño que con lo que ha sucedido durante estos últimos cuatro años exista esta sensación de vértigo de que lo mismo puede ganar el PSOE que el PP. Para un observador foráneo que llegase a España le sería difícil comprender lo que, aparentemente, está sucediendo. Podría comprobar que el país ha vivido cuatro años de fuerte crecimiento económico, y que la renta por habitante ha superado a la italiana. ¡Quién lo podía imaginar hace unos años! Es cierto que podría darse cuenta de que los precios han subido, también las hipotecas y que los salarios no han tenido tanta suerte como los grandes beneficios de las empresas. Pero como se trataría de una persona liberal que cree en la economía de mercado no sería tan ignorante como para achacar al Gobierno de turno la subida de ciertos precios -que los fija el mercado- o de las hipotecas -que dependen del Banco Central Europeo- o del destino de los salarios -que se fijan en la negociación colectiva-. Y sabría, que las actuales turbulencias económicas tienen su origen en EE UU y que España, de los países europeos, es el que se encuentra en mejor posición. Si fuese persona amante de la equidad, examinaría con atención qué se había hecho en políticas sociales y no podría sacar una impresión negativa: se había creado más empleo que nunca, el salario mínimo y las pensiones habían crecido más que en cualquier otro periodo y se habían reconocido nuevos derechos, a colectivos tan importantes como los discapacitados y ancianos, mujeres, gays, autónomos, jóvenes, etcétera.

II. No obstante, se quedaría quizá un tanto sorprendido al comprobar que para bastante gente este Gobierno es un desastre sin paliativos. ¿Dónde podría estar la explicación de opinión tan extrema? Podría deducirla de la observación atenta de las graves acusaciones que el líder de la oposición lanzó contra el presidente del Gobierno en el debate en televisión. Y se fijó con especial interés en algunas de ellas. Oyó que la educación en España era una calamidad, pues así lo demostraba el Informe PISA. Persona escrupulosa comprobó, no sin cierto estupor, que tal estudio se publicó en 2006 y el PSOE ganó las elecciones en marzo de 2004. ¿Era posible en un año y medio cambiar el nivel de educación del país? O ¿más bien el Informe PISA reflejaba la situación de los años anteriores al 2004 en que, por lo visto, gobernaba el PP? También se dio cuenta de que el debate había sido muy crudo sobre la emigración. Se achacaba al Gobierno que los inmigrantes habían aumentado demasiado. Persona con experiencia en Europa, se percató, igualmente, de que éstos habían engrosado las arcas de la Seguridad Social, contribuido a acrecentar la tasa de natalidad y, sobre todo, se enteró de que una parte significativa del crecimiento del país se había debido a su esfuerzo. Empezó a no entender nada. ¿Había alguien que se atreviese a sostener que había que expulsar a los emigrantes en número tal que el país se paralizase? No parecía sensato, ¿o es que se ignoraba que para repatriar a un emigrante se tiene que contar con el acuerdo del país de origen?

III. Se había quedado preocupado con la virulencia y acritud del debate sobre terrorismo. Recordaba que en Europa todos los gobiernos contaban con el apoyo incondicional de la oposición en esta lucha. Por una razón muy sencilla. Porque quien se enfrenta a ese enemigo mortal es el Estado, la democracia y la división en este tema debilita al Estado, no sólo al Gobierno. ¿Sería cierto que el Gobierno había negociado cuestiones políticas con los terroristas? Eso era, sin duda, un grave error, pero entonces, ¿por qué ETA había roto la tregua y cometía atentados? ¿O es que la vuelta al crimen había sucedido porque el Gobierno se había negado a entrar en las cuestiones políticas que los terroristas pretendían? ¿Era un delito intentar acabar con este cáncer por medio del diálogo?, o ¿comprobar, por medio de terceros, si la ruptura de la tregua era un acto definitivo o un “descontrol”? Parecería más bien una actitud de prudencia. Otra cuestión podía ser los errores cometidos en el proceso; exceso de optimismo, declaraciones equivocadas, etcétera. Quizá en este tema radicase uno de los puntos débiles del Gobierno, pues parecía que la oposición había logrado movilizar y enfrentar a una parte de las víctimas con el presidente Zapatero y ya se sabe que las víctimas concitan, cómo no, simpatías. No obstante, también le resultaba extraño que en el período en que menos víctimas de ETA se habían producido y más terroristas habían sido detenidos, este asunto se hubiese convertido en el centro del debate, con una virulencia extrema. Nunca había conocido manifestaciones de víctimas del IRA contra el Gobierno inglés por las calles de Londres, ni tan siquiera cuando alguna ministra laborista entró a dialogar con los presos en las cárceles.

IV. Donde se armaba un lío era con la cuestión de los Estatutos de Autonomía. Le habían comentado que los dos grandes partidos se habían puesto de acuerdo en la reforma de todos ellos, salvo en el de Cataluña. Persona minuciosa y desconfiada por experiencia se había tomado la molestia de comparar artículo por artículo en cada uno de ellos y comprobado que no aparecían diferencias sustanciales. Se quedó un tanto perplejo. No obstante, había verificado que el proyecto de Estatuto aprobado en su día por el Parlamento catalán había hecho saltar todas las alarmas en el resto de España y había dado motivo a una cruda campaña sobre si España se rompía o no, que había calado en amplios sectores de la ciudadanía, proclives al discurso anticatalán. Aquí podía radicar el otro motivo de descontento, pues sí parecía que este delicado proceso se podía haber conducido algo mejor.

V. No creía, desde luego, que al Gobierno le pudieran pedir cuentas por su política exterior. Había sacado a España del lodazal de la guerra de Irak, había liderado el contenido de la Constitución europea y había acrecentado la ayuda al desarrollo, aparte de otras cuestiones relevantes. No creía que fuese motivo para echar del poder a un Gobierno el que su presidente no hubiera sido recibido por Bush en la Casa Blanca o que no fuese invitado a la reunión de Brown en Londres sobre la crisis económica, por otra parte, sin resultado alguno.

No acababa de entender, pues, lo que estaba pasando aparte de los tópicos sobre el carácter de los españoles, que no le convencían. Sin duda, temas sensibles como el terrorismo y, sobre todo, la cuestión de España habían sido adecuadamente manipulados, agitados y repetidos hasta la saciedad y habían producido sus efectos. ¿Hasta el punto de producir un empate en las intenciones de voto? Quizá sí, y en ese caso, pensaba, los partidarios de que ganase Zapatero o de que no regresase una derecha tan destemplada no deberían dormirse y acudir en masa a votar. Aunque quizá esto del “empate técnico” fuese sólo un espejismo, producto de una sobrerrepresentación de una derecha excitada y, en ese caso, su derrota el día 9 de marzo podría ser más abultada. En fin, ese día sabríamos si la situación era extraña o una apariencia que encubría una realidad bastante más normal, pues le habían comentado que España era un país en el que hasta el más tonto hacía relojes.

Nicolás Sartorius es vicepresidente ejecutivo de la Fundación Alternativas.

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Sufriremos, pero no tanto como dicen, de Antón Costas en El País de Cataluña

Publicado en Política by reggio en Marzo 4th, 2008

¿Aguantará la economía española la tormenta creada por las tres crisis que padecemos, la inmobiliaria, la financiera y la económica? En medio de este vendaval, ¿seremos capaces de mantener el crecimiento, el empleo y el bienestar logrado a lo largo de estos últimos 15 años? Son preguntas lógicas que todos nos hacemos ahora que llegan tiempos de vacas flacas.

La campaña electoral ha contribuido a hacerlas más presentes, así como a difundir algunos temores. Pero, para mi sorpresa, quienes con más intensidad se las plantean son los analistas extranjeros, especialmente los británicos y estadounidenses. Vean, por ejemplo, la información que publicaba en este diario Claudi Pérez, el sábado pasado, con el título España despierta recelos.

Con tonos más o menos bíblicos, la conclusión general es que después de 15 años de vacas gordas, los españoles vamos ahora a sufrir una larga resaca, tan larga e intensa como fue la borrachera inmobiliaria.

Curiosamente, la decisión del Gobierno británico y del Banco de Inglaterra de nacionalizar el banco Northen Rock, afectado por el virus de las hipotecas norteamericanas, ha acentuado esa conclusión. Muchos analistas en la pérfida Albión ven el caso del banco inglés como un anticipo de lo que ocurrirá en el sistema bancario español.

¿Tienen razón? Probablemente este diagnóstico pesimista de los anglosajones tiene mucho que ver con los celos que acostumbran a entrarle al rico de cuna cuando ve que un advenedizo en la riqueza comienza a sacarle ventaja. No se acaban de creer el milagro económico español. Especialmente la modernización y competitividad de la gran banca española, y de otras empresas de energía y servicios. La compra por el Banco Santander del británico Abbey aún duele en la City. Comprenderían esa compra si viniese de Francia o Alemania, pero no de España. Y lo mismo ocurre con las compras de empresas españolas de infraestructuras, energía y servicios. Creen que no es oro todo lo que reluce en la economía empresarial española. Que hay gato encerrado, aunque no acaban de encontrarlo.

Ya pasó antes, con la inversión española en América Latina en los años noventa. Los norteamericanos y británicos creían que los españoles estaban locos al invertir en aquella región cuando ellos se retiraban con el rabo entre las piernas. Por eso, cuando llegó la crisis de 2001, esperaban que las empresas españolas sufriesen esa aparente locura. Algo sufrieron, pero supieron capear el temporal y hoy gran parte de los beneficios de nuestras grandes empresas vienen de allí.

¿Por qué piensan los anglosajones que España sufrirá intensamente la crisis, con la posibilidad de llegar a una recesión? Por dos motivos. En primer lugar, porque identifican la situación macroeconómica española con la de Estados Unidos. En segundo lugar, porque creen que la banca española está tan contaminada como la británica o la estadounidense. Pero, en ambos casos, las apariencias engañan.

Dejo para otra ocasión el ver que la comparación con Estados Unidos no es adecuada. Respecto del posible contagio, la banca española está más inmunizada que la de otros países. Fundamentalmente, por dos razones. Primero, porque el riesgo de contagio ocurre allí donde el ahorro nacional se ha llevado a Estados Unidos para comprar sus hipotecas basura. Pero en el caso de España no sólo nuestro ahorro no ha ido allí, sino que ha sido el ahorro de otros países el que ha venido a España a financiar nuestras hipotecas y nuestro déficit exterior.

La segunda razón es que la banca española tiene la ventaja de haber pasado ya el sarampión. La crisis financiera española de los setenta y ochenta (recuerden, por ejemplo, Rumasa) nos hizo sufrir en propia carne. Desde aquella crisis, el Banco de España impuso unas normas de prudencia que hoy nos hacen tener mejor salud financiera.

Por todo esto, creo que sufriremos, pero no será tanto como dicen los anglosajones. Vaya por delante que no trato de hacer un ejercicio de optimismo gubernamental. Ni tampoco de ejercer de profeta.

En todo caso, lo que ocurrirá no está escrito, predeterminado. Depende de dos cosas. La primera, de cómo le vaya a la economía internacional. La segunda, de cómo afrontemos nosotros la crisis. En cómo le vaya a la economía internacional poco podemos influir.

De cómo afrontemos nosotros la crisis sí depende la intensidad y duración del sufrimiento. Tenemos delante un ajuste y unas reformas. El ajuste consiste en cómo vamos a distribuir el coste de pasar de crecer a tasas cercanas al 4% a tasas que se moverán, en el mejor de los casos, entre el 2,5% y el 2%. Trabajadores, empresarios y sector público deberían ponerse de acuerdo para distribuir ese ajuste entre salarios, beneficios e impuestos. La ventaja es que tenemos unos sindicatos y una patronal acostumbrada a buscar acuerdos.

La reforma consiste en poner en marcha medidas para, por una parte, contener y reducir la inflación, y por otra, transferir recursos desde el poco productivo sector inmobiliario a sectores más productivos. Dicho de otra manera, pasar de un modelo de crecimiento basado en la plusvalía inmobiliaria rápida a un modelo basado en el beneficio industrial a largo plazo.

Si hacemos bien el ajuste y la reforma, un escenario probable para la crisis española podría ser el que le oí a un conocido financiero: un año de crisis financiera, dos años de crisis económica y cuatro años de crisis inmobiliaria.

Lo que debemos exigir ahora es que la política partidista poselecciones ayude a lograr que el sufrimiento sea el menor posible y esté equitativamente repartido.

Antón Costas es catedrático de Política Económica de la UB

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Derrota interiorizada, de Miguel Ángel Aguilar en La Vanguardia

Publicado en Política by reggio en Marzo 4th, 2008

En una convocatoria electoral nada puede hacerse para alterar el resultado cuando uno de los contendientes tiene interiorizada la derrota. Esa es la situación en que se ha colocado de manera cada vez más acusada el equipo del Partido Popular, que capitanea sobre el papel Mariano Rajoy. En realidad estamos ante el continuismo de los cuatro años de legislatura en los que se ha optado de manera obsesiva por la siembra del catastrofismo y por el destrozo institucional, siguiendo las pautas ensayadas a partir de 1989 y sobre todo de 1993, cuando los aznaristas proclamaron el “vale todo” para echar del gobierno a los socialistas de González. Quien desee más detalles tiene a su disposición el compendio magistral que de esa actitud hace Carles Castro en su libro Relato electoral de España (1977-2007) editado por el Institut de Ciències Polítiques i Socials, adscrito a la Universitat Autònoma de Barcelona.

Primero fueron las listas electorales, compuestas a base de más de lo mismo, sin un solo guiño que proporcionara nuevos atractivos, que traspasara el corralito de los arrastrados por el viento de la historia a la playa de la derrota del 2004. Pronto vuelve la burra al trigo. Se prefiere a los guardias de corps enlistados bajo la disciplina de la fundación FAES, de estricta obediencia aznarista. Ahí están en posiciones relevantes los Acebes y Zaplanas con añadidos del calibre de Mercedes de la Merced o de Manuel Pizarro, ayuno de toda experiencia política. Se diría que Rajoy tiene problemas con el vestuario, como Rijkaard en el Barcelona, y se ve obligado a dejar en el banquillo a elementos decisivos, por ejemplo a Ruiz-Gallardón, para dar falsas pruebas de autoridad y evitar que cunda el alboroto.

Cuando el reto era abrirse hacia el futuro, nuestro Rajoy compareció en León con Aznar, quien dijo que aunque no entusiasme el actual líder hay que votarle. Los síntomas de que el PP ha puesto en marcha una maquinaria infernal para perder las elecciones se multiplican con declaraciones como las de Gabriel Elorriaga a favor del desistimiento y la abstención como recurso ganador. Rajoy se ajusta al papel de sembrador de catastrofismo sin poder salirse porque le vigilan la FAES y Federico en la Cope.

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Zapatero se impone, de Enric Juliana en La Vanguardia

Publicado en Política by reggio en Marzo 4th, 2008

ELECCIONES 9M

LA CRÓNICA

Rajoy, correoso, duro y opositor, embarranca en la guerra de Iraq

José Luis Rodríguez Zapatero ganó anoche el segundo debate con Mariano Rajoy, recuperando con notable energía el papel presidente del Gobierno, desdibujar en el anterior cara a cara con el líder opositor. Por los puntos, esta vez sí, se impuso el candidato socialista.

Mariano Rajoy, menos acerado que la semana pasada, intentó centrar su discurso en las vivencias de los ciudadanos -aumento de los precios, inmigración y unidad de España-, pero se metió en el berenjenal de la guerra de Iraq, donde embarrancó. La maldición de la antigua Babilonia volvió a proyectarse anoche sobre el Partido Popular.

El debate fue mejor que el de la semana pasada. Aunque duro en la dialéctica, resultó algo menos crispado. Y algo más concreto. Algo más tangible en lo que se refiere al futuro.

Zapatero hizo básicamente tres cosas: recuperar el papel presidencial, concretar su programa para los cuatro próximos años y demostrar una notable agilidad en las réplicas, especialmente en el turno de Iraq, cuando lanzó una pregunta envenenada que reverberará hasta el fin de la campaña: “Señor Rajoy, ¿sigue apoyando la guerra de Iraq?”. Incomprensiblemente, el líder opositor quedó sin respuesta.

Fue Rajoy quien se colocó esta vez a la defensiva -sobre todo en la primera parte de la emisión-, al prescindir de un discurso de carácter más programático. En un tono algo más mesurado, el líder del PP intentó reproducir el formato del debate anterior: énfasis en la problemática doméstica de los españoles (volvió a repetir de memoria la lista del pan, los huevos, la leche…), continua reiteración de la palabra “orden” asociada a la inmigración, y una exhaustiva búsqueda de grandes y pequeños ejemplos que mostrasen a Rodríguez Zapatero como un gobernante mentiroso.

Cometió Rajoy un desliz al afirmar que su primera pregunta al Gobierno en la actual legislatura se refería a la política económica. En un alarde de buena documentación, Zapatero mostró y leyó el texto de esa primera pregunta, referida a la coordinación del recién estrenado ejecutivo. Rajoy se esforzó en fijar las ideas clave del PP en el anterior debate. Esa fue su estrategia, de principio a fin. Y estuvo mejor en la segunda parte que en la primera.

En esta segunda parte introdujo con habilidad la cuestión catalana. Cómo no, la espinosa cuestión lingüística catalana. Acaso su golpe más certero a la ceja circunfleja de Zapatero fue una pregunta referida a las polémicas multas impuestas por el Govern de la Generalitat por la ausencia del catalán en los rótulos comerciales. “¿Está usted de acuerdo con estas multas?”, le preguntó a Zapatero. El presidente, esta vez con un porte más seguro que el pasado lunes, le recordó con media sonrisa los tiempos en que José María Aznar hablaba el catalán “en la intimidad”.

El líder del PP prescindió anoche de la concreción programática. Y esa decisión, seguramente muy meditada por sus asesores, dejó a Zapatero el campo abierto para llevar a cabo la exposición que muchos ciudadanos, cansados de la crispación, echaron en falta en el anterior debate. La estrategia del PP le dio margen a Zapatero para recuperar la túnica de presidente de Gobierno.

Con esa túnica dictó sus últimas palabras. Seguro, ligeramente emotivo y convencido de la victoria. Con señales de fatiga, Rajoy cerró su intervención subrayando un mensaje muy eficaz para los próximos cuatro años: “La economía lo es todo”. Zapatero deseó, de nuevo, buenas noches y buena suerte. Rajoy apeló a la “niña” de su corazón.

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Alianzas poselectorales, de Luis María Anson en El Mundo

Publicado en Política by reggio en Marzo 4th, 2008

CANELA FINA

No sólo las encuestas más solventes, salvo la excepción significativa de este periódico, sino también las amañadas aprietan los resultados. Aunque improbable, incluso podría ganar Rajoy. Al día de hoy lo más verosímil es que Rosa Díez tenga razón. Venza quien venza mandarán los nacionalistas. Por eso la especulación inteligente de esta semana no debe centrarse en los resultados sino en las alianzas poselectorales.

El PSOE cuenta con los escaños del partido comunista, que se arrastra enmascarado bajo las siglas de Izquierda Unida. No pasará este año lo que ocurrió en 1996. Anguita, irritado por los desprecios de González y por la corrupción galopante, se negó a cualquier colaboración con el PSOE. Llamazares, si le pagan la factura correspondiente, respaldará a Zapatero. Lo mismo harán los nacionalismos de izquierda, notoriamente ERC, cuyo líder, además, desde la entrevista en Perpiñán con Josu Ternera, huele al ajo de la negociación política con Eta.

En los nacionalismos de derechas, por consiguiente, está la clave. En 1996, Coalición Canaria, Convergencia y Unión y Partido Nacionalista Vasco apoyaron a Aznar. En 2008, Rajoy tal vez pueda contar con los escaños canarios. Vascos y catalanes estarán más dispuestos a pasar sus facturas al PSOE que al PP.

Rajoy sólo puede ofrecer dinero, lo que no es poco, para las aspiraciones de Mas y, arriando los pantalones, retirar las pegas populares al Estatuto. Zapatero, en cambio, tiene en su mano hacerle presidente de la Generalidad. Eso supondría el sacrificio de Montilla, el escabeche de Carod Rovira y la resistencia feroz del Partido Socialista catalán cada vez más encabritado con el PSOE. Hace muchos años, aprendí que la política, salvo raras excepciones, se mueve sobre el do ut des. El resultado electoral, tal vez permita a Mas investir a Zapatero como presidente del Gobierno en Madrid. El líder socialista puede hacer lo mismo en Cataluña con Mas. El acuerdo es cuando menos probable. Con el voluntarismo entusiasta que caracteriza al entorno de Rajoy, se parte de esta base: si el PP obtiene un escaño más, gobernará. Eso ha sido así hasta ahora. Pero Zapatero ha cambiado de socio constituyente y no respetará el espíritu de la Transición tampoco en esta cuestión. Galicia, Baleares, Santander, incluso Madrid en el primer resultado electoral de Esperanza Aguirre, admiten pocas dudas.

Zapatero vencido por Rajoy, si puede, continuará gobernando aunque tenga que formalizar su permanencia en Moncloa sobre un pentapartido. Ciertamente, la negociación con el PNV no está fácil para los socialistas. Ibarreche abomina de Rajoy pero Zapatero se ha entendido directamente con Eta, con general alarma entre los nacionalistas vascos inteligentes. Hasta ahora el PNV ha recogido las nueces del árbol agitado por la banda terrorista. El proceso de rendición zapateresco significa que Eta recogería también las nueces. El PNV es ya un PRI, instalado sobre una vastísima red de intereses creados. Se batirá como una pantera de Java para no perder el poder, también para no compartirlo.

Mandarán, pues, los partidos nacionalistas tras las elecciones del domingo. Condicionarán decisivamente al Gobierno. Sólo se saldrá de la voracidad nacionalista, insaciable hasta la independencia, con una reforma constitucional que cierre el Estado de las Autonomías y con una nueva ley electoral que no prime a los partidos bisagras. Para eso es imprescindible, el pacto de Estado acordado en la Transición, es decir el acuerdo ante el PP y el PSOE que representan al 80% de la voluntad popular.

Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española

© Mundinteractivos, S.A.

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Dieguitos y Mafaldas, de Rafael Martínez-Simancas en El Mundo

Publicado en Política by reggio en Marzo 4th, 2008

INSOLENCIA PASAJERA

Como en el cuento aquí hace falta que haya alguien que diga que el candidato está desnudo, y esa renovación a la que Dragó llama «la tercera España» y a la que dedica gran parte de su nuevo libro calificándoles de «españoles sin partido, por lo tanto enteros», marcará las diferencias. El voto joven, y de los que se resignan a dejar de ser jóvenes, tiene un valor impresionante en estas elecciones porque les han dejado la última piedra de la balanza, y la pueden poner en el lado que consideren oportuno puesto que no tienen compromisos adquiridos. Los de la banda del patio, esos que votarán por primera vez en unas generales, tienen la llave de la gobernabilidad. Son pragmáticos y están poco contaminados por las ideologías, rechazan la tensión de los dos partidos mayoritarios y entienden la política como una forma de gestionar en su sentido más práctico. No son monjitas que obedecen a consignas de grupo y hasta es posible que anoche no vieran el debate, o lo siguieran de forma bastante crítica por no decir distante. No han ido a un mitin en su vida y tendrían dificultades para distinguir a un candidato de un quinqui en una rueda de reconocimiento policial.

Se lo han puesto a huevo, son españoles libres que no obedecen a consignas. Los de la banda del patio, compuesta por Dieguitos y Mafaldas, sienten pudor de las broncas políticas de las que tan lejos están. La maquinaria de propaganda se ha fijado ahora en ellos, quizá tarde. Los mensajes han estado dirigidos a los grupos habituales pero a éstos no los han tenido en cuenta porque nunca habían tenido tanta importancia. Les temen porque todos juntos pueden formar la masa crítica de la abstención pero tampoco tienen muy claro si movilizarlos por si acaso votan lo que no conviene a Rajoy, o a Zapatero. Podría darse la paradoja y que su reacción fuera un mayoritario voto en blanco que se debería computar en escaños… unos asientos vacíos en el Congreso para dejar en evidencia su descontento. O, tal vez, elegir a unos diputados que se pasen la legislatura de espaldas, leyendo tebeos y libros, ajenos a los debates que no les incumben. Esa inmensa minoría que prefiere un verso de Juan Ramón a un capítulo de Marx tiene en sus manos el botón nuclear de La Moncloa, si lo activan el resultado puede ser sorprendente.

Esta vez los que fueron llamados como extras en la película pueden tener más peso que los protagonistas; están fuera del guión. Anónimos nuevos votantes que no han roto la virginidad de las urnas y que no se casan con nadie. Esos que el domingo echarán a caminar hacia el colegio electoral sin compromiso previo adquirido y que llaman a las papeletas de tú. A ellos, hoy, los partidos no saben si darles un beso en la boca o castigarlos sin postre. En un encuentro tan empatado les han dejado la opción de lanzar el último penalti. Ellos, los que nunca han sido titulares, tienen el gol de oro.

© Mundinteractivos, S.A.

Sin novedad, señora baronesa, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

Publicado en Política by reggio en Marzo 4th, 2008

Lo mejor de Zapatero, que estuvo más contundente ante los ataques que la vez anterior. Lo mejor de Rajoy, su semblante repetido de retranca ante los postulados del antagonista. Replicaba mejor con gestos que con palabras. Lo peor de ambos, que apenas se habló de futuro.

¿Alguien puso sobre la mesa, no ya una solución, sino simplemente el esbozo de un proyecto ante los grandes problemas de este país: por ejemplo, la vertebración territorial; por ejemplo, el terrorismo; por ejemplo, el empleo en la población más joven?

El pasado ocupó más que el presente y aún más que el futuro. ¿Alguien se acuerda de aquella frase que decía: «Estás mintiendo, Marcelino»? Pues eso.

Réplicas de Rajoy como hachazos. Ciertamente, el plebiscito del presidente vasco para octubre es un problema, pero no es justo al responsabilizar de ello al actual Gobierno, cuyo plan rechazó en el Parlamento. No es de recibo lanzar cañonazos, sobre todo, apuntando en dirección equivocada. Para atacar hace falta elegancia. Hablamos del arte de la esgrima dialéctica.

Rajoy volvió a insistir en educación, olvidando que en 8 años de Gobierno no atajaron el desastre. Zapatero insiste en las becas, el inglés y las nuevas tecnologías, pero no reconoce el fracaso de la LOGSE a esta parte. Tiene razón don Mariano cuando habla de la necesidad del esfuerzo, así como de la autoridad del profesorado. ¿Y? ¿De veras hay voluntad por ambas partes en reforzar el sistema educativo y no renunciar a ciudadanos críticos? ¿De veras hay propósito de acabar con la endogamia universitaria?

Idea de España que Rajoy reprocha a Zapatero no tener clara. Posiblemente acierte. Habría que preguntarse, sin embargo, cuál es la suya. Y, por cierto, ¡qué triste ausencia por parte de ambos de referencias a nuestra literatura y a nuestros pensadores! ¡Qué bagaje más pobre intelectualmente arrojaron ambos debates!

Éste fue el examen de septiembre. En el mejor de los casos, se rozó el 5, ese 5 que se concede con magnanimidad no exenta de malestar por parte de quien califica.

¿Quién salió mejor parado en el debate? Sólo me atrevería a aventurar que Zapatero estuvo menos apagado que la otra vez, más respondón, mientras que Rajoy se mantuvo en su línea.

Y, en cuanto a las promesas, que fueron pocas, y no muy creíbles, éstas siguen estando aguadas cuando nadie se compromete contra la corrupción, ni contra los problemas que seguimos arrastrando desde hace décadas, como la financiación de los partidos, ley del suelo y ley electoral.

La lucha contra el cambio climático prometida por Zapatero, que es una apuesta contra las políticas que atacan al medio ambiente, es muy difícil de aceptar viendo lo que se hace en Asturias por parte de ayuntamientos y Gobierno autonómico.

Y Rajoy volvió a su niña, discurso sentimentaloide de culebrón. Perseveró en el error.

Examen de septiembre en busca del aprobado ramplón. Que se les podrá conceder cerrando los ojos, en espera de Godot, es decir, del milagro.

El mito del voto útil, de Javier Ortiz en Público

Publicado en Política by reggio en Marzo 4th, 2008

Mariano Rajoy está en la misma onda que confesó Gabriel Elorriaga, su jefe de propaganda: la actual táctica electoral del PP busca desanimar a una parte de los potenciales votantes del PSOE, restregándoles algunos asuntos conflictivos, como la situación económica, la inmigración y las “cuestiones nacionalistas”, para que el 9-M estén deprimidos y no voten.

Rajoy parte de que la gente que se distancia del PSOE sólo puede hacerlo porque le disgusta que Zapatero esté demasiado escorado a la izquierda; no por la razón opuesta. Sin embargo, hay bastantes que critican la pusilanimidad de los socialistas en los más variados terrenos, incluyendo los tres citados.

Esa posición crítica no tiene por qué traducirse en abstención. Puede llevar a respaldar otras opciones políticas menos agarrotadas por el respeto reverencial a los poderes fácticos locales o internacionales.

Son muchos los que afirman que esa “dispersión del voto” beneficiaría en todo caso al PP. Falso. Para empezar: quienes votan de acuerdo con sus preferencias no dispersan nada; concentran su voluntad en la dirección deseada. Además, con cierta frecuencia abren posibilidades que de lo contrario quedarían cerradas. Es un hecho que el traslado de una parte del voto tradicional de una candidatura modesta (IU, por ejemplo) a otra mayor (PSOE, por ejemplo) hace que a veces el minoritario pierda recursos que no gana el importante. Ese peligro existe ahora mismo en el País Valenciano, donde EU-IU puede perder su representación sin que ello beneficie al PSOE, sino al PP. No sería nada novedoso: en Valladolid ya han vivido esa experiencia.

Rodríguez Ibarra pide el voto para Zapatero para que forme Gobierno “sin depender de los nacionalismos insolidarios”. La vieja guardia del PSOE está repleta de seudofederalistas que, como pasen un solo día sin proclamar su fervoroso españolismo frente al Maligno Desmembrador, enferman. No me extraña que, cuando Rajoy quiere dar lecciones de patriotería, los cite sin parar.

Ojalá Zapatero deba pactar de nuevo, a semejanza de la anterior legislatura. Eso lo alejará de la obsesión monotemática de los Rodríguez Ibarra y compañía.

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El vendedor de crecepelo nos promete un jamón, de Jesús Cacho en El Confidencial

Publicado en Política by reggio en Marzo 4th, 2008

En los ambientes peperos se había producido este domingo un curioso fenómeno de índole psicológica, tal vez consecuencia de las encuestas aparecidas en los últimos días: de pronto se evaporó la euforia, y la batalla se dio por perdida. Desfondamiento. La suerte está echada, repetían a media voz, o al menos tal era el espíritu con el que los fieles de Rajoy encaraban el debate de anoche.

Seguramente el bajón tenía que ver con la última de las ocurrencias del líder del PP, que ese mismo domingo había sacado a pasear a José María Aznar, un tipo que se ha convertido en una caricatura de sí mismo, una especie de teleñeco del propio Aznar, el jersey pijorosa de cashmere, la melenita al viento y esos indescriptibles gestos de histrión satisfecho de su dandismo. Lo sube al estrado y lo expone en plaza pública, se supone que para animar a los indecisos, a ese tropel de gentes que, tras darle la mayoría en 2000, le negaron el voto en 2004 hastiados de la prepotencia de franquito, y todo pareció ese domingo tan obtuso y tan necio que muchos no sabían si compadecerse del Rajoy incapaz de negarle al gran líder su minuto de gloria en plena campaña, porque no le puede negárselo, o cabrearse con el Rajoy huevón que no es capaz de plantarse ante tamaña insensatez.

De modo que, entre Aznar y las encuestas, esta historia parecía vista para sentencia, hasta el punto de que en algunos círculos de la derecha la importancia del debate quedaba circunscrita a la necesidad de alcanzar una derrota honrosa el domingo 9, aminorar los daños, reduciendo en lo posible el abismo en diputados de la victoria socialista. Pero está visto que para Mariano Rajoy no hay mejor complejo vitamínico que enfrentarse a un insolvente de la astronómica proporción de José Luis Rodríguez Zapatero, que anoche quedó retratado cual pocas veces lo ha sido como el vendedor de crecepelo capaz de prometer frondosas melenas allí donde lucen relucientes cráneos.

Y conste que el candidato socialista, un perfecto amoral en el más amplio sentido del término, es un enemigo formidable en el uso de la demagogia política, fundamentalmente porque, si se trata de prometer, es capaz de prometer un jamón con chorreras a todos y cada uno de los 45 millones de españoles, todos y cada uno de los 1.460 días que componen una legislatura. En la insolvencia de que hace gala, a Zapatero le da lo mismo ocho que ochenta, le importa un pimiento prometer cifras, e inversiones, y mejoras, y gastos y empleos (en la primera parte del debate anuncia la creación de 2 millones, “la mitad para mujeres”, y 20 minutos después repite lo de los dos millones, pero esta vez 1,2 para mujeres) y Observatorios y conferencias de Presidentes (sic), porque todo es etéreo, todo es gratis, todo un luminoso brindis al sol. En su liviandad, a ZP le suena que liberalizar el suelo es sinónimo de encarecerlo, y se espanta cuando Rajoy alude a esa cuestión, y así sucesivamente.

Y conste que el leonés se había preparado esta vez el examen a conciencia, hasta el punto de que las clases particulares de Miguel Barroso –la tarde del domingo entera oficiando de trainer- se dejaron notar enseguida. Polemista brillante en el uso de la demagogia –dispuesto, además a interrumpir al popular de forma constante, ante la pasividad de la señora Viza- Zapatero fue capaz de poner a Rajoy contra las cuerdas justamente en el tema, la política antiterrorista, en el que éste más se había lucido hace ocho días. Y lo hizo echando mano de la guerra de Irak y de los asesinatos del 11-M, es decir, retratándose de cuerpo entero. La respuesta de Rajoy no pudo, por eso, ser más oportuna: “usted quiere volver a ganar unas elecciones con Irak y el 11-M”.

Pero fue en la segunda mitad del debate cuando, al contrario también de lo que ocurriera el lunes 25, Rajoy remontó el vuelo para sacar de sitio a Zapatero y situarlo en su real dimensión de aventurero de la política, sin una idea concreta de España, sin ninguna idea de España más allá del chalaneo coyuntural y constante. Anoche, algunos amigos cercanos al PP me llamaron desilusionados porque no habían visto a Rajoy suficientemente duro y contundente. “Tenía que haber arrasado”, decía uno, y yo creo que estaban, están, en un gran error. El líder del PP, sempiternamente amenazado por la espada de Damocles de una izquierda sectaria que ve normal en ella lo que en la derecha es intolerable autoritarismo, estuvo donde tenía que estar, moderado en la forma y contundente en el fondo, como corresponde a una persona que aspira a ocupar el Gobierno de la nación.

Creo que, más allá de trucos verbales y argucias de trilero, a José Luis Rodríguez Zapatero le fue mal el debate de ayer, muy mal desde el punto de vista de la necesidad que tienen millones de españoles cultos, a derecha e izquierda, de saberse gobernados por un político solvente y fiable, un presidente que inspire al menos cierto grado de confort intelectual. Lo cual quiere decir muy poco en la España de nuestros días. Zapatero ha sabido captar a la perfección el perfume que hoy exhala la España anestesiada, enemiga del compromiso, reñida con el esfuerzo, huérfana de valores morales, entregada al hedonismo consumista, y eso le sobra para volver a ganar las elecciones del 9 de marzo. Le basta con lucir de nuevo su mejor cara de Bambi apaleado, como hizo anoche en su alegato final, para seguir en el machito. Ni dos ni doce debates que ganara Rajoy le servirían para llegar a La Moncloa. Es el signo de los tiempos.

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El empate favorece a Zapatero, de Pablo Sebastián en Estrella Digital

Publicado en Política by reggio en Marzo 4th, 2008

El segundo gran debate electoral entre Zapatero y Rajoy no ha aportado nada nuevo ni definitivo que permita anunciar que uno u otro candidato ha conseguido un gran impulso o un vuelco electoral, lo que, en principio, y si se mantiene el ritmo de intención de voto que marcaban las encuestas, va a significar que el PSOE mantiene la iniciativa y sus posibilidades de victoria electoral, siempre y cuando consiga un elevado nivel de participación. En conjunto, los dos candidatos han repetido lo esencial del debate anterior en el que Rajoy estuvo mejor, aunque esta vez Zapatero, menos tenso y más eficaz, puede que haya alcanzado su doble objetivo de eliminar los riesgos del debate y de movilizar a su electorado.

En realidad, este debate, como el anterior, han servido para poco aunque es posible que la imagen de Rajoy, que parecía, de partida, más deteriorada ha mejorado, pero no lo suficiente como para pretender un vuelco, mientras que Zapatero se ha esforzado, esencialmente, en transmitir a los españoles que aprenderá de los errores cometidos, buscando una confianza que perdió ante muchos sectores de la sociedad en los últimos años. Y los espectadores se han quedado con las ganas de saber algo crucial, como es cuáles serán los pactos de gobierno a los que están dispuestos los líderes del PSOE y del PP en unas elecciones en las que todo apunta a que ninguno de los dos logrará la mayoría absoluta. Como se han quedado con las ganas de escuchar algo sobre la política exterior o sobre la justicia, cuestiones de las que no se dijo ni una sola palabra. O sobre el funcionamiento del Parlamento, o sobre qué harán, uno y otro, si el Gobierno vasco convoca un referéndum.

Puede que, en la suma global de ambos debates, Zapatero y Rajoy hayan estado muy cerca del empate, o del combate nulo como se suele decir en términos del boxeo, pero eso beneficia al campeón, o al tenedor del título, es decir, al presidente del Gobierno y no al líder de la oposición, que no ha conseguido tumbar en la lona a su adversario, y que no ha sido capaz de ofrecer en ambos combates ninguna sorpresa o iniciativa definitiva, nueva y que llame especialmente la atención (lo que, sin duda, es un gran fallo del candidato y de su equipo asesor), lo que era la obligación del aspirante al título de campeón.

Zapatero, al partir desde la zona del campeón, corría más riesgos que su adversario y se ha cuidado mucho a la hora de evitar el cuerpo a cuerpo, y esta vez, y al contrario de lo que ocurrió en el primer debate, esencialmente sobre el terrorismo, Zapatero ganó en los momentos de más tensión, como ocurrió en el apartado de la guerra de Iraq, o del juicio del 11-M, donde Rajoy tenía todas las de perder y donde no logró salir de las cuerdas sino empeorar su situación con lo de la resolución de la ONU, porque el hecho crucial era la retirada de las tropas de Iraq. Y todo eso, y lo del 11-M, es responsabilidad de Rajoy y de su partido, que en cuatro años no supieron pasar la página, reconocer errores y mirar al futuro. Ése —y los equipos que acompañan a Rajoy— ha sido el gran error del PP en la legislatura.

Mejor ha estado Rajoy en vivienda, educación, inmigración y autonomías, aunque en este último capítulo Zapatero aprovechó su discurso “plural” con la intención de buscar más votos en Cataluña y en el País Vasco. Mientras que Rajoy los buscaba en Andalucía, Valencia y Madrid, o en León, donde también hay un escaño en juego. El capítulo autonómico y el terrorismo eran los flancos débiles de Zapatero, y esta vez Rajoy no sacó ventaja por más que reiterara lo de la multa al comerciante catalán por rotular títulos en castellano en su negocio. Como también Rajoy insistió, una y otra vez, en el capítulo de la inmigración pensando en el efecto que esto tendrá entre los votantes. En el punto crucial del terrorismo las espadas quedaron en alto cuando, por un lado Zapatero ofreció su apoyo sin condiciones al próximo Gobierno, mientras Rajoy dijo que apoyo sí pero para derrotar al terrorismo.

Sobre la economía Rajoy cometió un error o un lapsus cuando le decía una y otra vez a Zapatero lo que tenía que hacer, como si estuviera claro que el próximo presidente sería el socialista, en vez de decir lo que haría él. Fue más contundente en la crítica a la gestión económica del Gobierno, pero no más preciso en sus propuestas para afrontar la crisis económica, donde sí ofreció un listado de iniciativas urgentes Zapatero. En otros asuntos como cuestiones sociales, la vivienda y el fomento nada extraordinario se apreció entre los dos candidatos. Zapatero más fuerte en los temas sociales y Rajoy en infraestructuras.

En definitiva, nada nuevo en el debate de ayer con formas menos ásperas y con una moderadora que favoreció claramente a Zapatero al dejarle, una y otra vez, interrumpir las intervenciones de Rajoy. No estuvo fino Zapatero cuando dijo que a Rajoy le importaba “un bledo” la economía, y aportó como novedad un presunto libro blanco sobre sus promesas y datos, que era tan blanco que nada se podía ver en él a través de la televisión.

Cerró Zapatero su discurso de manera forzada, intentando decir que ya ha aprendido la lección de sus propios errores y hablando de su convicción, y, una vez más, con el “buenas noches y buena suerte”. Mientras Rajoy, en el cierre del debate estuvo más claro y directo, habló más de España y de la economía, y volvió a citar a la famosa niña imaginaria de sus sueños, pero esta vez con más brevedad.

En todo caso, lo importante de los dos debates no es lo que digan ahora las últimas encuestas sobre el ganador (encuestas trucadas, por los votos de los nacionalistas e IU), ni tampoco lo que digan los políticos ni los analistas. Lo importante es lo que decidan los ciudadanos de a pie. Y ese misterio no se desvelará hasta la noche del próximo día 9, el verdadero día “D”.

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