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El maquiavélico sistema electoral español, de Jorge Urdánoz Ganuza en El País

Publicado en Derechos, Política by reggio en Febrero 16th, 2008

Nuestro sistema es desproporcional, impone el bipartidismo, fomenta la polarización y hace casi imposible que surja un tercer partido moderador. Los nacionalistas quedan como única alternativa para pactar

“El sistema electoral español es infinitamente más original de lo que parece a primera vista, y es bastante maquiavélico”. Quien así habla no es ni un desinformado ni un antisistema resentido, es Óscar Alzaga, uno de los padres del propio sistema. Los dos adjetivos que utiliza describen a la perfección la criatura que él y otros miembros de la UCD alumbraron durante la Transición y que todavía perdura.

Su originalidad es tal que los especialistas no acaban de catalogarlo. Aunque la Constitución habla de “representación proporcional”, lo cierto es que las desproporciones en los resultados son de las mayores de la escena internacional. No sólo no se garantiza una proporción más o menos ajustada entre votos y escaños, es que ni siquiera se salvaguarda el mero orden en el que los votantes colocan a los partidos: una formación con menos votos que otra puede conseguir más escaños. Por eso muchos estudiosos del sistema no lo consideran proporcional sino mayoritario atenuado.

Pero un sistema mayoritario se caracteriza por sobrerrepresentar al partido ganador facilitando así que forme gobierno. Y nuestro sistema no siempre beneficia al primer partido: en 2004 las elecciones las ganó el PSOE, pero el más beneficiado fue el PP. Mientras los votantes socialistas recibieron un 3.3% de escaños por encima de lo que hubiera sido proporcional, los populares se vieron agraciados con un 3.7%. De hecho, con el actual empate técnico puede suceder que el PP quede segundo en votos pero primero en escaños, perdiendo y ganando a la vez las elecciones (¡!). Las más elementales leyes de la semántica impiden denominar “mayoritario” a un sistema que posibilita semejante resultado.

Entonces, ¿qué es? Bien, ya se ha dicho: es original. De hecho, lo es tanto que puede afirmarse que su esencia consiste en su inexistencia. El “sistema electoral español” es una construcción meramente verbal que carece de una realidad empírica a la que aplicarse con sentido. Lo que hay son 52 sistemas electorales (50 por provincia más Ceuta y Melilla). Los sistemas en los que se eligen muchos escaños son proporcionales. Los sistemas en los que se eligen 3, 4 o 5 escaños no. La ciencia política suele estimar que estos últimos tienen efectos “mayoritarios”, algo que a mi juicio no merece el noble principio de mayoría. Por eso, si me permiten la licencia, yo les voy a denominar “distorsionantes”. Porque lo que hacen esos sistemas es distorsionar, y por partida doble y superpuesta.

Pensemos en Teruel, con 3 escaños. Un sistema así distorsiona en primer lugar el propio voto de muchos ciudadanos. Un voto útil no es otra cosa que una emisión de preferencias distorsionada: “Yo prefiero A, pero he de votar por B”. Y distorsiona, en segundo lugar, los resultados. Porque el reparto de escaños va a ser prácticamente siempre de 2 a 1 -aunque el partido vencedor lo sea sólo por un voto- y porque todos los votos a terceros partidos se quedan sin representación.

Conviene entonces no claudicar ante la magia de las palabras: no hay “un sistema electoral español”, y es preferible hablar, como empiezan a hacer los especialistas, de “los sistemas electorales para el Congreso”. La imagen mental adecuada no es la de una entidad más o menos unívoca, sino más bien la de una escala. Una escala en la que se sitúan 52 posibilidades y cuyos límites son por un lado la distorsión y por otro la proporcionalidad.

Soria, con 2 diputados, es un extremo de esa escala; Madrid, con 35, es el otro. Y cada provincia se sitúa de acuerdo a su número de escaños. El 62% de los españoles votan en circunscripciones de 10 escaños o menos, por lo que saben que si su primera preferencia no supera aproximadamente el 10% de los votos, su voto será electoralmente inútil. En ellas se impone a fuego el bipartidismo, ya que sólo el PP y el PSOE pueden en la práctica verse representados (o, en su caso, los nacionalistas). En las cinco provincias en las que habita el 38% de españoles restante serían a priori posibles nuevos partidos e iniciativas, pues la proporcionalidad es elevada. Pero recordemos a Alzaga: no sólo original, también maquiavélico.

Como en un taller de alquimia, la escala que acabamos de describir se encuentra salpicada con unas cuantas gotas de sufragio desigual. Las provincias más pequeñas eligen más escaños de los debidos, disfrutando así de un poder de voto mayor. En las últimas generales el precio del escaño basculó desde las 20.000 papeletas de Soria hasta las 100.000 de Madrid. Tenemos así dos escalas que corren paralelas pero en sentido contrario. La primera nos divide en 52 grupos de acuerdo a nuestra mayor o menor proporcionalidad (sistemas electorales diferentes). La segunda nos divide en otros tantos grupos de acuerdo a nuestro mayor o menor poder de voto (sufragio desigual).

Maquiavelo habría tomado apuntes: los electores cuyos votos son fuertes se hallan en los sistemas “distorsionantes” y por tanto presionados para votar útil o, lo que es lo mismo, a los dos grandes; los votantes eximidos de esa losa psicológica son libres, pero sus votos son débiles. En cifras: en Teruel bastan 25.000 votos para alcanzar un escaño, pero es que eso es un 33% de los votantes turolenses y por tanto sólo el PP y el PSOE pueden permitirse tales escaños de saldo. En Madrid un 3% de los votos suponen 3 escaños, pero es que eso equivale nada menos que a 300.000 votantes.

Aunque centrarse sólo en ellos es ya a mi juicio parte del problema, los efectos del entramado son obvios. Por un lado se impone el bipartidismo y se fomenta la polarización, siendo casi imposible que surja un partido de centro que pueda ejercer un factor moderador. Por otro, la única alternativa para pactar la ofrecen los nacionalistas.

¿Qué hacer? La decisión sobre el sistema electoral configura una situación en buena medida excepcional desde el punto de vista de la filosofía política. Nadie defiende, por ejemplo, que sean las empresas las que redacten las leyes anti-monopolio: esa labor ha de corresponder a instituciones que, situadas por encima de ellas, vayan más allá de sus intereses. Pero el sistema electoral lo deciden los partidos y, ¿qué hay por encima de ellos? “La ley y el Estado de Derecho”, se dirá, pero es que la ley y por tanto el derecho son, empezando por la propia Constitución, creaciones suyas.

Si hay otro cuerpo en el Estado que comparte esa situación soberana de los partidos es el militar. El ejército no tiene por encima nada que pueda controlarlo, lo que explica el destacado papel que el honor y la obediencia han desempañado siempre en su código moral: son nuestra única garantía. De ahí que, de la misma manera que la democracia sólo germinó cuando las cúpulas militares interiorizaron de verdad su acatamiento al poder civil, compartieran o no sus designios, la regeneración de la democracia sólo será posible cuando las cúpulas partidistas asuman ciertos principios, convengan o no a sus intereses.

Por eso, a pesar de que de ellos no se escuche ya últimamente ni el más leve susurro, resulta fundamental volver a hablar de principios. Cuando uno lee a los viejos defensores del ideal de la proporcionalidad descubre los valores que la nutren: a los electores les garantiza libertad; a los resultados, justicia. Y cuando uno vuelve a los clásicos de la democracia, recuerda que hay un valor que bajo ningún concepto puede claudicarse: la igualdad del voto. Son las élites de los grandes partidos las que han impedido que esos tres valores sean hoy y ahora una realidad entre nosotros. Llevar los principios al centro del debate y recordar lo que significa “inalienable” es el primer paso para evitar que puedan seguir haciéndolo.

Jorge Urdánoz Ganuza es doctor en Filosofía y Visiting Scholar en la Universidad de Columbia, Nueva York.
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3 Responses to 'El maquiavélico sistema electoral español, de Jorge Urdánoz Ganuza en El País'

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  1. elvilches said, on Abril 1st, 2008 at 6:14 pm

    Para conocer a Jorge Urdánoz Ganuza no hace falta más que leer su artículo en El Correo Digital del 12 de enero de 2008, en el que sostiene que ETA mata pero que el Estado español tortura: “afirmar hoy que en España no existe un problema con la tortura supone situarse inevitablemente del lado de la ignorancia y el desconocimiento”. Urdánoz utiliza argumentos de los antisistema, del tipo batasuno.
    El enlace del artículo es: http://www.elcorreodigital.com/vizcaya/20080112/opinion/tortura-espana-jorge-urdanoz-20080112.html

  2. Gepetto da Via said, on Abril 2nd, 2008 at 11:02 pm

    Toda cita de un texto puede resultar incompleta, ¡¡¡pero es inaceptable amputar tanto unas frases -delante y por detrás- para poder colgarles luego sambenito tan disparatado como el delator de que “utiliza argumentos de los antisistema…”!!! Por ello, en aras exclusivamente del respeto a las verdades y aprovechando la probidad informativa de quien, sin embargo, ha dado enlace a tal artículo, copiada va seguido la expresión de Urdánoz que se nos recortó (MAYÚSCULA) con una glosa tan equívoca y extractada=
    “… conviene prescribir aquí la misma medicina que aplicamos a los demás, porque a la hora de establecer si en cualquier país se tortura no nos guiamos nunca por lo que afirme el gobierno de tal país, sino por lo que dictaminan al respecto los diversos organismos internacionales encargados de ello. Y tales organismos internacionales nos dejan en muy mal lugar. Tanto organizaciones oficiales (nada menos que la ONU y la Unión Europea, en sendos informes sobre España) como no gubernamentales (Amnistía Internacional y Human Rights Watch, por ejemplo) arrojan sobre nuestro país una aciaga sombra de sospecha, y lo hacen continuadamente en el tiempo y con independencia de los partidos en el Gobierno. Por ello, AFIRMAR HOY QUE EN ESPAÑA NO EXISTE UN PROBLEMA CON LA TORTURA SUPONE SITUARSE INEVITABLEMENTE DEL LADO DE LA IGNORANOCIA Y EL DESCONOCIMIENTO: implica creer al acusado, a nuestros sucesivos gobiernos, y desmentir a las muchas y variadas instituciones internacionales que vienen repitiendo su veredicto con inequívoca
    unanimidad…”

    Aunque no tenga nada de maquiavélica, esa maniquea “disyuntiva terrorista” del ’si no estais con mi barbarie sereis de la que yo combato…’ nada defiende contra ninguna injusticia. ¿O es que somos “del tipo batasuno” quienes, atacados por sabino-araNAcis, nos negamos a olvidar los demasiados casos de sentencias firmes del Tribunal Supremo por “tortura” y hasta un par de… Ministro del Interior y Secretario de Estado para la Seguridad también convictos por “delito continuado de malversación de caudales
    públicos”, “en cantidades importantísimas”, y el “secuestro” de Segundo Marey, por ejemplo? [ http://es.wikipedia.org/wiki/GAL#Condenas ]

    ¿También el Tribunal Europeo sobre los Derechos Humanos es “antisistema” o/y “tipo batasuno” cuando -en Estrasburgo- ha condenado a este Reino por no investigar las
    denuncias de torturas?= http://www.abc.es/hemeroteca/dia-03-11-2004/Nacional

  3. JORGE URDÁNOZ said, on Abril 3rd, 2008 at 5:09 am

    La verdad, que alguien me acuse de batasuno es lo último que podía yo esperar en esta vida. Tengo pruebas de que no lo soy, por ejemplo:

    http://www.elcorreodigital.com/vizcaya/prensa/20070114/articulos_opi_viz/balada-josu-ternera_20070114.html

    Y más, publicadas en Diario de Navarra. En el centro del huracán, por cierto, que es donde yo vivo (Pamplona, aunque ahora estoy con una beca en Nueva York).

    Pero es que, aunque no tuviera ninguna prueba, la acusación de Elviches es injusta y absurda. Solo hay que leer el artículo completo (que él mismo enlaza, sorprendentemente) para verificarlo.

    Se puede estar contra ETA y contra la tortura. Y, a mi juicio, se debe.

    Gracias a Geppetto da via por poner un poco de luz y de objetividad en todo esto.

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