Conversación con Jordi Pujol, de José Oneto en Estrella Digital
Tiene el mismo ánimo y mismo ímpetu que cuando era presidente de la Generalitat, aunque reconoce que está jubilado y que no quiere que sus palabras, sus manifestaciones, sus pronunciamientos afecten a Convergència i Unió, el partido que él fundó.
Habla con el mismo sentido común que cuando se convirtió en hombre imprescindible para la estabilidad del país. Jordi Pujol, que acaba de sacar a la calle su primer libro de memorias con el título Historia de una Convicción, editadas por Destino, reapareció ayer en Madrid en Antena 3 televisión en el Programa Espejo Público.
Yo, que le he hecho varias entrevistas, que le he tratado profesionalmente en Madrid y Barcelona, hacía casi diez años que no le veía y lo encontré, durante la conversación que mantuvimos en la sala de invitados de la cadena de televisión, igual de rápido en el análisis, igual de apasionado por la política, reflexivo como siempre pero con un sentido de la distancia y de los personajes políticos que le da mucho más valor a sus pronunciamientos.
Dice que ha vivido estos últimos cuatro años con preocupación, él que viene de la cultura de la Transición, de la cultura del pacto, y añade, sin que quiera obligar a su partido a nada, que no es partidario de ningún pacto estable ni con el Partido Popular (casi imposible) ni con el Partido Socialista.
Con el Partido Popular por su posición en esta legislatura en contra de Cataluña, por sus insultos, por su comportamiento político, por impulsar auténticas campañas de desprestigio contra Cataluña durante el debate sobre el Estatuto. Simplemente, añade “por dignidad”.
Con el Partido Socialista porque no es de fiar, porque dice que Zapatero les ha engañado. “Zapatero o es un ligero o engaña, o ambas cosas a la vez… Hizo promesas que no debió hacer nunca porque no las podía cumplir”.
Se lamenta del actual conflicto entre la Iglesia y el Estado y asegura que todo lo que está pasando le hace revivir episodios del 36.
Pero eso sí, no tiene inconveniente en repartir culpas. Culpa al Partido Socialista de un laicismo muy desesperado y a veces ofensivo y culpa también a ese sector del Episcopado que se ha radicalizado y que ha terminado imponiendo un criterio político muy concreto en vísperas electorales. Alineado con el abad de Montserrat, Josep Maria Soler, rechaza el manifiesto de la Conferencia Episcopal como católico y desde unas profundas convicciones religiosas ya que la Iglesia no puede tener ningún tipo de monopolio.
Se lamenta de los ataques furibundos que durante estos años han recibido los catalanes, la antipatía profunda que se ha creado contra ellos e incluso el menosprecio con el que han sido tratados… Y todo eso lo resume en una frase que viene repitiendo desde que presentó su libro de memorias: “Los catalanes no nos hemos gustado y no hemos gustado”.
Se muestra pesimista sobre la situación política, y lo que más le duele es que Cataluña haya sido utilizada como munición política por los dos partidos con los que, según él, no se puede firmar un pacto de estabilidad.
Para él, y reconoce todo lo que se ha avanzado política y económicamente en estos últimos treinta años de democracia, la estabilidad es quizás el elemento más importante de todo ese periodo… Los tres pilares sobre los que se basa la convivencia nacional, insiste, son precisamente la estabilidad, la gobernabilidad y la continuidad.