A vueltas con la crisis económica, de Fernando González Urbaneja en Estrella Digital
La valoración de la situación económica en la recta final de una campaña electoral muy apretada (todas suelen ir justas) está sesgada por preferencias políticas e intereses partidistas. Los del Gobierno tienden a ver la situación mejor y mejorable, y los de la oposición culpan a los otros de la sequía y de la lluvia. Casi todos con argumentos que producen bochorno, defendidos por líderes que dejan de serlo al convertirse en repetidores mecánicos de consignas de marketing. Líderes a los que cabe exigir que ofrezcan horizonte, proyecto, visión, propuesta, esperanza.
Bastaría con repasar el sesgo de la campaña norteamericana. Obama ha rechazado estrategias de descrédito del adversario, y le ha ido mejor que bien. Y cuando Clinton utilizó ese procedimiento, especialmente en las primarias de Carolina que perdió, le fue mal, tanto que corrigió la estrategia inmediatamente. Estas dos últimas semanas han estado presididas por el respeto mutuo.
¿Se imaginan que Rajoy y Zapatero ordenaran a sus huestes predicar desde el recíproco respeto y consideración al adversario? Es igual quién pegó primero o quién pega más, lo cierto es que el clima dominante es el de la desconsideración.
La política española durante los últimos treinta años se construyó con fórmulas de consenso, especialmente hasta el año 2000. Desde entonces, la mayoría absoluta de Aznar y los complejos pactos de la legislatura actual (copia del infausto Pacto del Tinell, en Cataluña, excluyente y sectario) dieron de lado ese sustrato de fondo en demérito de la política grande y en perjuicio del ciudadano.
La referencia viene a cuento del juicio que los líderes políticos trasmiten sobre la actual coyuntura económica. Alegre y confiado el uno, fatalista el otro. Si hacemos caso omiso de las palabras gruesas y de la propaganda, ambos partidos tienen confianza en el futuro de la economía española y no son tan ingenuos como para imaginar que será por la magia de su gestión. El impacto de las políticas gubernamentales (trama nacional y autonómica) en la economía es modesto y a largo plazo puede estropear mucho a medio plazo y arreglar muy poco a corto.
Si los dos partidos consideran probable la creación de más de dos millones de nuevos empleos en España durante la próxima legislatura (y no les faltan razones para ello) no imaginan una inminente recesión. Son proposiciones contradictorias.
La Bolsa cayó un 30% entre el 2000 y el 2003 y el conjunto de las economías lo asimilaron sin inmutarse. Es probable que este trimestre las bolsas caigan un porcentaje semejante (ya han hecho la mitad del camino), pero tan probable como eso es una recuperación semejante antes de fin de año.
El ajuste de empleo que se ha producido en España durante las recientes vacaciones navideñas (entre el 20 de diciembre y el 7 de enero) revela que los agentes económicos están al tanto, reaccionan rápido y saben ajustar. El indicador de confianza del consumidor (ICC-ICO) conocido el martes, al que algunos atribuyeron la caída de la Bolsa de ese día (erróneo) es el más bajo de la historia del indiciador (que data del 2004), ratifica una tendencia bajista desde julio, pero también es cierto que la caída de enero es la menor de los últimos seis meses, poco más de un punto frente a una media de cuatro puntos al mes desde julio.
De manera que sosiego. En las bolsas cotizan el riesgo de recesión de Estados Unidos, que es una economía muy flexible que ajusta muy rápido y muy intensamente. La anterior recesión en EEUU pasó factura en Europa pero con tasas mucho más matizadas, al igual que en la fase de acreciento allí se cree más que aquí.
P.D.: No es fácil entender a los inmobiliarios del llamado G-14. Reclaman más agilidad para sacar al mercado suelo y producto, ¿pero no estamos con sobreoferta? ¿Se puede financiar más producto cuando sobra en el mercado?