La encrucijada del Grupo Vocento, de Mariví Casanueva en El Mundo
La guerra de las familias tradicionales de la compañía y el divorcio entre el consejo y los gestores pone en riesgo un futuro independiente
¿Qué va a pasar con Vocento? La pregunta se ha repetido una y otra vez en los mercados, en el sector y, cómo no, en los pasillos de todas y cada una de las dependencias de la compañía, después del fulminante cese del consejero delgado, Belarmino García, a los pocos meses de su fichaje. El núcleo duro del accionariado de Vocento saltó por los aires el pasado verano, por las desavenencias de las familias tradicionales del grupo. Con los accionistas de referencia divididos y sin la necesaria complicidad entre los gestores y el consejo de administración, Vocento se presenta como una presa fácil para cualquier fondo de capital riesgo o grupo de comunicación. Para salir de la encrucijada tiene muchos y variados caminos.
Con el 40% del capital de la compañía, más o menos el porcentaje en manos de las familias, se puede controlar Vocento. Pagando una buena prima sobre el actual precio de mercado, supone el desembolso de unos 600 millones de euros, una cifra accesible para un fondo de capital riesgo o para grandes grupos de comunicación como Prisa o Planeta, sin descartar alguna empresa foránea. Otra salida a la crisis es que una parte de los accionistas de referencia compre su participación al resto, poniendo fin a las diferencias. Lo que no parece viable por mucho tiempo más es el actual statu quo.
El atractivo de Vocento para un fondo de capital riesgo es la posibilidad de trocear la compañía para vender cada parte al mejor postor, sacando un precio mucho más elevado que por el conjunto. Y sex appeal no le falta a su 13% en Telecinco, a su división de diarios regionales, a la concesión de televisión digital terrestre -Net TV- e, incluso a ABC, a pesar de la profunda crisis de ventas y resultados en la que está inmerso. Al cierre del viernes, la capitalización de Vocento se cifraba en 1.337 millones de euros. Una venta a trozos le reportaría a un fondo de capital riesgo sustanciosas plusvalías, sin arriesgar nada en la gestión.
Si la solución de un fondo de capital riesgo es la más extrema, en el lado opuesto cabe pensar en una salida interna a la crisis de Vocento. Es decir, que una parte de las familias compre a la otra su participación, dando carpetazo a la confrontación. En este supuesto, quienes conocen bien el grupo apuestan por los Ybarra para quedarse como accionistas mayoritarios. Las razones son simples: tienen dinero y Vocento es el único reducto empresarial que le queda a una familia que hace no demasiado tiempo era en España un referente en sectores clave como el financiero y el eléctrico.
La entrada de un grupo de comunicación supondría una operación muy diferente y también cambiaría el destino de Vocento. Fuentes del mercado, intentando adelantar acontecimientos, señalan a Prisa y a Planeta como posibilidades a tener muy en cuenta. En ambos casos la complementariedad es evidente, salvo por ABC y la participación en Telecinco.
Integrar la división de periódicos regionales es fácil para los dos grupos. No plantea redundancias, está distribuida prácticamente por toda la geografía nacional y, además, está en beneficios. Ni Planeta ni Prisa le harían ascos a las emisoras de Punto Radio. En el caso de Onda Cero, la cadena de radio del grupo de José Manuel Lara, la suma de esas emisoras sería el empuje casi definitivo para disputar el liderazgo de audiencia a la cadena Ser de Prisa. A ésta, en cambio, la pondría en una posición casi inalcanzable para el resto de los competidores.
La participación del 13% de Vocento en Telecinco no sería precisamente un handicap en un operación de compra. La venta de ese porcentaje superaría los 400 millones de euros a los actuales precios de mercado. Una ayuda considerable a la hora de financiar la adquisición del paquete de control de Vocento. Por otra parte, ninguno de los dos grupos necesita esa participación. Planeta y Prisa cuentan con Antena 3 y Cuatro, respectivamente, como cadenas generalistas.
ABC, en cambio, no encaja ni en Prisa ni en Planeta. Incluso en la hipótesis de que la familia Ybarra se hiciera con la mayoría, es muy posible que el centenario diario se quedara fuera del grupo con los Luca de Tena, sus antiguos dueños. Pero no le faltarían novios, a pesar de sus muchos problemas. Es más, hay quien sostiene que podría recalar en el grupo Murdoch, de la mano del ex presidente del Gobierno, José María Aznar, que vería cumplirse así uno de sus sueños.
La encrucijada en la que se encuentra Vocento se ha ido fraguando a lo largo de los últimos años. La guerra fratricida entre las familias vascas que dieron vida al Grupo Correo, posteriormente fusionado con Prensa Española, editora de ABC, hunde sus raíces en los desacuerdos por la gestión de José María Bergareche, ilustre representante de una de las familias presentes en el accionariado y en el consejo. Unos y otros le han acusado de carecer de la cintura necesaria para contentar a todo el mundo y mantener cohesionado al consejo de administración.
El periodo de José María Bergareche como consejero delegado coincide con el de mayor crecimiento del grupo y al resto de las familias les resultó muy cómodo imputarle la responsabilidad de todo lo que no salía bien. Fuera ya del cargo, lo dejó de manera efectiva en julio pasado, sus adversarios siguen haciendo recuento de los supuestos o reales errores del todavía vicepresidente del grupo.
Entre otras muchas cosas, a Bergareche se le reprocha no cerrar bien la fusión con Prensa Española, de la que todavía quedan importantes flecos pendientes; descartar la compra de Recoletos, un grupo tan complementario para Vocento como lo es para Unidad Editorial que acabó adquiriéndolo, o gestionar mal la crisis de ABC cuando ésta empezó a dar los primeros síntomas. Incluso se le censura todavía por la venta de un 12% de Telecinco en 2003, a pesar de las importantes plusvalías que le reportó la operación a la cuenta de resultados del grupo.
Cuando la situación comenzó a hacerse insostenible y el acuerdo parecía imposible entre las familias, el consejo decidió buscar un nuevo consejero delegado fuera de la casa y del sector. El encargo recayó en un head hunter, responsable final de la selección de Belarmino García, que no de su contratación. El fichaje se anunció en abril y en julio tomó el relevo de Bergareche. Tan sólo seis meses después, el consejo lo destituyó por unanimidad. La crisis interna era de tal calibre que los Ybarra, Bergareche, Echevarría, Urrutia, Aguirre Castellanos y Careaga, acompañados de los Luca de Tena, aparcaron por un momento sus disputas para poner fin a la etapa de Belarmino García.
«El ambiente entre los ejecutivos de la casa se tornó irrespirable en los pocos meses que Belarmino estuvo al frente del grupo» dicen quienes han vivido de manera directa esta etapa. Todo indica que en su intento por aislarse de los problemas derivados de la guerra abierta en el consejo, García también se aisló de los ejecutivos. Tanto que incluso el plan estratégico del grupo hasta 2010 lo hizo en colaboración con una auditora externa, sin contar apenas con el resto de la dirección. Uno de los pocos que sí tuvo acceso a este proceso de planificación fue José Manuel Vargas, el hombre al que recurrió el consejo el pasado lunes para pilotar la gestión del grupo, cuando relevó a Belarmino García.
Todas las alarmas saltaron con su destitución, incluso fuera de la casa. Tres consejeros delegados en tan pocos meses, y con el consejo a la greña, se presenta como un exceso, máxime para una empresa cotizada en Bolsa. Precisamente la salida a los mercados fue otro momento álgido del grupo, con más de un rifirrafe entre las familias, aunque finalmente sellaron un acuerdo de accionistas, que sumó el 43,68% del capital.
La falta de consenso también ha llevado a la presidencia del grupo a un hombre ajeno a las familias, Diego del Alcázar, quien sustituyó a Santiago Ybarra en septiembre pasado. El relevo en la presidencia catalizó todas las desavenencias de años. El propio Santiago Ybarra planteó el cambio con tan sólo 24 horas de antelación al otro sector del consejo, que se opuso y perdió por poco la votación. El resultado final es que Vocento está presidido por un hombre capaz, pero sin el liderazgo ni los apoyos necesarios para afrontar las distintas salidas a la encrucijada en que sus principales accionistas han puesto al grupo.
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