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Inventar naciones, de Manuel Castells en La Vanguardia

Publicado en Política por reggio en 26 enero, 2008

OBSERVATORIO GLOBAL

Por si algo nos faltaba, ahora hay políticos que se ponen a teorizar. Teóricos del calibre de Bono o Aznar (funcionalmente equivalentes en este tema) nos revelan que las naciones son un invento. A la respuesta obvia de “la suya también” (o sea, su indivisible madre patria), Aznar contesta en fundamentalista coherente: la mía no, porque es la verdadera. Así lo entendemos mejor. Hay unas naciones que no son inventos porque son verdaderas y otras de mentirijillas, inventadas para medrar. ¿Y cómo se nota cuál es cuál? Fácil: yo tengo ejército y el artículo 8 de la Constitución y tú no. O sea que, remedando a Mao, la nación está en la punta del fusil. Puestos así, es lógico que alguna gente se enfade y vaya a acabar Dios sabe dónde. Pero siendo civilizados y, aún más importante, prudentes, podríamos examinar algo más seriamente el estado de la cuestión. De la cuestión nacional, como se decía en tiempos preautonómicos.

Porque en tono más sesudo hay muchos intelectuales orgánicos e inorgánicos que comulgan con el bono-aznarismo. Y además todos citan al pobre Benedict Anderson, que no decía eso, porque lo han leído mal y aún han traducido peor el título de su libro Imagined communities: no son imaginarias en inglés, sino imaginadas. Es decir, construidas a partir de imágenes, de narrativas, de metáforas, de signos y significantes. Como toda construcción humana, porque todo es construcción mental realizada con materiales culturales resultantes de compartir historia y geografía. En ese sentido, toda organización social es inventada, o sea, construida culturalmente.

Por tanto, la verdadera cuestión es cómo se construye una forma de organización social y cultural que se autodenomina nación. Si queremos decir que lo que existe son estados naciones y lo demás no son ni estados ni naciones, entonces es fácil. Quien gana en la historia define una frontera, se proclama soberano y se convierte en nación. Pero para eso no necesitamos hablar de nación, basta con hablar de Estado. Y resulta que la historia, incluida la reciente, muestra que no es tan sencillo. ¿O sea, que antes Croacia no era nación y ahora sí lo es? ¿O Yugoslavia era nación y ahora se llama Serbia? ¿Y Finlandia se hizo la sueca antes de hacerse mayor a los acordes de Sibelius? ¿Y qué pasa con Quebec y el constante intento de Canadá de acomodar la binacionalidad del país? ¿Y Escocia, con un gobierno independentista tranquilo que propone un divorcio a la inglesa, sin romper el Estado británico? ¿Y las innumerables naciones que surgen, se funden y se deshacen en un mundo en cambio según como vayan los movimientos sociales y las estrategias geopolíticas? ¿Transmutan su esencia siguiendo la coyuntura? Cualquier observación desapasionada muestra que, en la época moderna, hay naciones, hay estados y distintas formas de relación entre los dos: naciones sin Estado, estados nación, estados multinacionales y estados nación imperiales que integran diversas naciones por la fuerza.

España pertenece a esta última categoría, pero como el imperio duró bastante y las ruinas imperiales mucho más se fue creando una interculturalidad que determina una nación española con elementos de fusión de otras culturas nacionales, así como formaciones nacionales que también están indisolublemente ligadas a componentes de españolidad. El hecho de que estas características nacionales propias persistieran durante siglos a pesar de distintos niveles y formas de represión remite a las raíces de la nación, o sea, al hecho de compartir una cultura, una lengua, un territorio y, sobre todo, una historia. No cualquier colectividad territorial se constituye como nación, porque la identidad colectiva se forma compartiendo materialmente en la práctica cotidiana muchos elementos comunes y distintos de otras colectividades durante un largo periodo. ¿Cuándo se tiende a reafirmar la comunidad nacional, suscitando una identidad de resistencia? En dos situaciones.

Una, la dominación sofocante de una nación sobre otra, por ejemplo de España sobre Catalunya y Euskadi durante el franquismo, sin ir más lejos. Y, segundo, en momentos de inseguridad cultural nacional tanto de unas naciones como de otras . Este es uno de esos momentos, porque tanto el Estado como la sociedad nacional están siendo transformados por el proceso de globalización. El Estado porque pierde control sobre los flujos globales de poder y riqueza y transfiere soberanía a instituciones supranacionales como la Unión Europea. La sociedad nacional porque la inmigración y la globalización de la cultura operan un mestizaje que hace difícil reconocerse como comunidad cultural sin reafirmar cada día los signos de esa comunidad, por ejemplo la lengua. En estos momentos, tanto España como Catalunya, como Euskadi y como Galicia, intentan mantener su identidad colectiva reafirmando culturas, historias y lenguas propias. Y para hacer esto lo más fácil es diferenciarse del vecino inmediato o negar el derecho a la diferencia porque tú mandas en tu casa. Ahí surge la dificultad, porque no hay vuelta atrás en el mestizaje histórico. La realidad española es una realidad plurinacional, pero además crecientemente multicultural. Y el Estado español es un ente global en su proyecto y uninacional en su nostalgia histórica. El problema es que un Estado sólo es estable cuando se construye sobre la realidad de su sociedad, que en el caso de España es plurinacional y multicultural. Con qué fórmulas se llega a esa estabilidad en cada momento, más allá de la coyuntura excepcional de 1978, con una pistola apuntando a la cabeza (el disparo salió desviado en 1981), es importante pero no decisivo. Lo que sí sería decisivo es el empecinamiento en definir España como una, grande y libre, cuando hace muy poco que es libre, hace tiempo que dejó de ser grande y sólo puede ser una en su pluralidad. Ignorar ese hecho fundamental de nuestra realidad es convocar de nuevo al aquelarre de espectros que atormentaron nuestra historia. Porque no está escrito que en el siglo XXI no pueda producirse la restauración del nacionalcatolicismo y sus secuelas tiránicas. Los contextos sólo importan hasta cierto punto. Son las personas las que hacen su propia historia. Y las malas personas también.

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8 comentarios

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  1. meneame.net said, on 26 enero, 2008 at 4:28 pm

    "Inventar naciones", por Manuel Castells

    Manuel Castells: "¿Cuándo se tiende a reafirmar la comunidad nacional, suscitando una identidad de resistencia? En dos situaciones. Una, la dominación sofocante de una nación sobre otra, por ejemplo de España sobre Catalunya y Euskadi durante…

  2. Iñaki said, on 27 enero, 2008 at 10:37 am

    Este artículo es uno de los más lúcidos que he leído sobre este tema en mucho tiempo. Pienso que ofrece una mirada muy equilibrada y seria sobre la cuestión, y todo eso sin tender a la habitual sobresimplificación de realidades tan complejas como esta.

    Mil gracias por haberme dado la oportunidad de leer esto.

  3. Tac said, on 27 enero, 2008 at 10:33 pm

    E X C E L E N T E A R T Í C U L O ! ! ! !

    No se podría decir más o con más claridad sobre este asunto en tan pocas líneas.
    Profundo, riguroso y esclarecedor.
    No sé si Castells ha dedicado su conocimiento y su talento a escribir algún libro sobre este tema. Si no: ojalá lo hiciese. Voy a investigar …..

  4. Pegepé said, on 28 enero, 2008 at 7:23 pm

    En efecto, “no está escrito que en el siglo XXI no pueda producirse la restauración del nacionalcatolicismo y sus secuelas…” Sí, desde luego, por supuesto: poco es imposible.

    Pero, aunque quizá sólo sean unas cosas de tontos, hay también a quienes nos da por pensar que ¡tampoco estamos inmunizados contra riesgo de repetir las exacerbaciones del caciquil Cantonalismo que terminaron por reventar el primer episodio que intentaba cuajar una República en España ya en pleno siglo XIX!

    O: desde aquel “nacional-catolicismo, del nacional-socialismo imperial con sus nacional sindicalistas únicos”… ¿a un plurinacional-laicismo de multinacional-separatistas unic@s con plurinacional-socialismo global?

    Témome que la maniquea disyuntiva entre Aznar y Castells, como teóricos únicos del imaginario “nacional”, no resuelve mucho… salvo para sus incondicionales previos.

  5. Apendejé a pegepé said, on 29 enero, 2008 at 4:10 am

    Creo que este artículo lo deberían leer quienes tacharon la palabra “nación” en el estatuto de autonomía sin saber lo que significa. De esta manera les quedaría muy claro. Claro que siempre hay a quien no le queda claro ni siquiera algo tan claro como que hay números que no son racionales. Y mira que no hay demostración más clara, ¡eh!

  6. A PENDEJÉ DE PEGEPÉ said, on 29 enero, 2008 at 10:23 pm

    De acuerdo, pues, en ser claro [sobre tal "tachar la palabra..." en la "lengua materna" que, aun cuando siga "oficial" siendo, es considerada no "propia", ni como "vehicular" para las primeras enseñanzas]…=

    “Empieza a ser la hora de que llamemos a las cosas por su nombre. Hoy, en Cataluña, existe apartheid lingüístico, exclusión cultural si quieren, o, si necesitan llamar al pan, pan y al vino, vino, puro racismo cultural. Está muy claro, obligados a combatir sin careta la osadía del Partido Popular de querer regular por ley el derecho a estudiar en español en cualquier lugar de España, han mostrado al desnudo su chauvinismo lingüístico. Se niegan a aceptar la convivencia con el castellano. PSC, ERC, CiU y ICV quieren una sola lengua, un solo pueblo, una sola nación [...]

    En realidad, la lengua es el instrumento imprescindible para construir una
    nación de propietarios catalanistas. Andan de obras, acarrean mitos y
    leyendas, están poseídos de patria. Tan fascinados están con la génesis de
    la nación, que atropellan derechos sin reparar en el error de la premisa de
    las que parten:
    1/ ‘Toda nación la define una lengua’ (premisa falsa) y
    2/ ‘Cataluña es una nación’ (supuesto deseado por algunos)…
    3/ ‘Luego Cataluña tiene una (sola) lengua’ [Conclusión de evidente racismo
    cultural]…”
    …según lo argumentó Antonio Robles (ver de ‘En Cataluña uno no puede ni atreverse a pedir que se estudie en español’->”Racismo cultural, a secas”)=
    http://lacomunidad.elpais.com/tags/racismo

  7. Apendejé a Pegepé said, on 11 junio, 2008 at 1:12 am

    Según la real cacademia de tu vulgar lengua:
    (Lengua que proviene del latín más vulgar de entre todos los vulgares y que la desconocen el 99% de los españoles porque unos hablan andaluz, otros vasquellano o catallano, porque la juventud y los cazurros la chapurrean o no saben ni buscar en el diccionario una palabra; y lengua que, además, NO hablan en América porque allí hablan guatemalteco, cubano, argentino, mexicano, espanglish, etc. etc. etc., etc….que son leguas que distan más del castellano que el catalán del valenciano. O sea que, como vulgarmente se dice: “si el catalán y el valenciano no son la misma lengua, mucho menos lo son el andaluz, el cubano, el canario y el castellano.

    tachar.
    1. tr. Borrar lo escrito haciendo unos trazos encima.
    2. tr. Alegar contra un testigo algún motivo legal para que no sea creído en el pleito.
    3. tr. Atribuir a algo o a alguien cierta falta. Lo tachan de reaccionario. Tachan sus vicios.

    Si para el mismo pepero mayor, el sr. rajoy, el castellano no está perseguido en Cataluña (como ha afirmado en varias entrevistas visibles en Youtube.com) es que no lo está para nadie.
    Si vamos a decir aznaradas, como un borrego pepero cualquiera, digamos que:

    “La obligación de que los niños estudien física y matemáticas en Madrid y que los padres no puedan, no tengan la LIBERTAD, de elegir un colegio donde no reciban esas asignaturas es un apartheid y demuestra que los Madrileños y los peperos son fachas, nazis y racistas.

    Y cuando rajoy dice (en la entrevista de Andreu Buenafuente) que él obligaría a los inmigrantes a que firmen un contrato donde se comprometan, en primer lugar, a aprender “la lengua” (la suya suya, la del EGOcentrlista, claro está) demuestra que el pp es un partido nazi. ”

    No entro la lista de premisas falsas porque además de falsas lo más falso de todo es que son las premisas para los catalnaistas de lo que es una nación. Para saber lo que es una nación lo remito al excelente artículo que tiene delante de sus narices, un poco más arriba. Y ya, para acabar, le sugeriría que si piensa rebatir al Sr. Castells no juegue con aznaradas de este tipo porque no todos son asnos (como bien se vio en las pasadas elecciones)

  8. Manuel Velasco said, on 11 junio, 2008 at 2:24 pm

    Cac@ fonías e insultos aparte, y sin volver al burladero del partidismo ‘popular’ (ya caído de los gobiernos que hacen al caso mas obsesivo en algunos discursos…) con piñón fijo: El “defender los derechos de los ciudadanos a educar a sus hijos en el castellano no es ser el azote del nacionalismo. Es defender un principio básico constitucional. Defender la libertad y la igualdad no es un azote. Es política de Estado. Lo que yo denuncio es la discriminación que sufren los ciudadanos, no las lenguas. Éstas no tienen derechos. El castellano no puede ser discriminado. Quien sufre la discriminación es quien no pueda educar a sus hijos en su lengua materna si ésta es la castellana, que -además- es la de todos… O quien es discriminado porque para acceder a una plaza en la administración se valora de forma muy abusiva el conocimiento de la lengua oficial de esa comunidad autónoma, aunque no sea necesaria para el desenvolvimiento del puesto de trabajo= 24 puntos vale el euskera para ser médico, 3/4 puntos un master en Estados Unidos…”
    [Son razones -hoy mismo- de Rosa Díaz. Busque, compare, y si tiene usted algo mejor se le agradecería que compartiera los argumentos; pero no displicencias 'ad personam', que nada demuestran, ¿no?]=
    http://www.estrelladigital.es/diario/articulo.asp?sec=esp&fech=11/06/08&name=entrevista


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