Reggio’s Weblog

Col hervida, de David Gistau en El Mundo

Posted in Política by reggio on 25 Enero, 2008

AL ABORDAJE

Hace algún tiempo, una tal Sarah Wildman provocó cierto escándalo al escribir en The New York Times que Madrid era una ciudad provinciana donde a las niñas se las vestía poco menos que como en el No-Do. El diagnóstico ofendió la vanidad de los modernos que se aferran a Chueca, al taxista de Almodóvar, a la Movida y a las coctelerías de diseño para vindicar una pátina de sofisticación con la que espantar los complejos mesetarios del poblachón, serrín y mimbre. Wildman podría ahora darse por vengada con el reportaje en plan la familia bien gracias en el hogar de los Príncipes de Asturias, donde se echaba en falta a López Vázquez haciendo de padrino. Dijo Arcadi Espada que se podía oler la col hervida, el intento de impostar una clase media de atrezo para acortar distancias sociales y compensar exhibicionismos de yacht-club. Hasta los disfraces de gente corriente eran arquetípicos: jersey de cuello caja y castellanos, más la infinita tristeza invernal que a uno le recordaba la obligación de peinarse a raya para visitar a la abuela.

Era puro No-Do, era un chute de publi-reportaje monárquico como los que antaño cerraban junto al himno las emisiones de la televisión, y no sólo en la estética. También en la nueva ofensiva de la propaganda de algodón de azúcar, del culto a la personalidad con que se está oreando la figura del Príncipe en la inminencia de su 40 aniversario. Se diría que están preparando el ambiente para la sucesión. O que al menos, indeterminada ésta, procuran fortalecer la imagen de Felipe cuando se ha inventado el término juancarlista como sustituto de monárquico para señalarlo como eslabón débil en el que se agotará un linaje, un Régimen. Por eso nos abruman con las estadísticas de su rutina laboral, para ir neutralizando el tópico parasitario.

Con Felipe, llamado a protagonizar una época menos turbulenta que la de su padre, ocurre que le faltarán ocasiones históricas, de las de pijama debajo del uniforme, con las que hacerse valer y consagrarse como símbolo vigente, a menos que sea capaz de improvisar algún por qué no te callas. Es por ello que a él se le está promocionando el perfil bajo, la identificación con lo que Rajoy llama «la gente normal», aquello que siempre permitió decir a los cortesanos que el futuro rey es igual a cualquier joven de su tiempo. Es un argumento en principio paradójico que viene a decir que la monarquía tendrá más posibilidades de permanecer cuanto menos parezca una monarquía. Cuanto menos agravien los privilegios. Cuanto menos deslumbren los armiños, las cacerías y las regatas. A diferencia de la monarquía británica, explícita por asentada, la española vuelve discreta hasta su función ornamental como si pidiera perdón por existir, intentando convencernos de que su hogar no es mejor que el de los Peláez y además exuda un entrañable aire provinciano.

© Mundinteractivos, S.A.

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