La guerra, virtual, de Oriol Pi de Cabanyes en La Vanguardia
Se anuncia para la próxima campaña de Navidad un videojuego sobre la guerra civil española. Se trata de un juego de estrategia “a tiempo real” en el que los jugadores pueden enrolarse en uno u otro bando y “decidir” virtualmente el curso de las batallas. O por lo menos así lo publicitan: “¿Nacionales o republicanos? Ahora la historia depende de ti”.No nos jodan. La historia depende de nosotros, sí. Pero no la historia pasada. La historia pasada pasada está, sin posible vuelta atrás. Sólo la historia futura está por construir. Y se construye también con la idea que nos hayamos hecho de lo que fue. Una idea a la que también contribuyen productos como este videojuego, que nos presenta lo pasado no sólo como algo todavía presente sino también, ¡ay!, como algo modificable.
Cuando lo más saludable sería convertir de una puñetera vez la guerra civil en historia. Jugando, jugando, ¿vamos a volver a matar a rojos en Badajoz o en Granada? ¿Vamos a volver a fusilar a curas en el frente vasco, en el cementerio de Montcada o en la playa de Calafell? ¿Vamos a bombardear de nuevo sobre la población civil de Granollers o Gernika? Jugando, jugando, ¿vamos a matar y a morir por creernos otra vez salvadores de nada?
Sí, ya sé que se trata sólo de un juego. Y que si a veces se las cargaron los juegos de rol, ahora no tienen por qué ser los videojuegos. Pero ni los juegos de rol ni los videojuegos construyen otra realidad que la que se instala en los discos duros de los que los practican. Si estos llegan a bloquearse, si llegamos a confundir el plano virtual con el plano real, entonces sí que pueden darse todo tipo de desgracias. Y así estamos. Viene un videojuego que tiene un consumo previsto de muchos soldaditos potenciales.
Y ahora sale Quico el Progre y dirá que esto es mierda para nuestros adolescentes, que - ahora que se ha abolido la mili y que las guerras ya no se llevan- van a tener que enfrentarse, paradójicamente, en el espacio virtual de un videojuego.
Pero ¿y qué? Dejemos que la gente mate y se muera en pantalla si así se desfoga. Un videojuego sustitutorio como éste (y todos lo son) puede llegar a ser tan estupendamente terapéutico como el más apasionante partido de fútbol “de la máxima rivalidad”. O como estas Escenas de matrimonio que nos echan por la televisión como gran metáfora de la inacabable guerra civil de baja intensidad entre las dos Españas del PSOE y el PP.
Historia y verdad, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias
El ojo del tigre
Insiste la derecha ultranacionalista en que el presidente José Luis Rodríguez Zapatero ha sumido a España en un caos político, idéntico al que se provocó en el primer quinquenio de la década de los años 30. Este persistente discurso ha sido robotizado por los ideólogos de la FAES, para que se repita insistentemente, sin desmayos orales, con el entusiasmo mecánico que, en un alarde de ingeniería política, luce el pensador José María Aznar. Es un discurso machacón, con el que se pretende demoler la aventura política en que se ha embarcado Rodríguez Zapatero, con la osadía propia de quien carece de experiencia en el arte de gobernar a un pueblo tan difícil como es el español.
Esa desorbitada derecha radical siempre está dispuesta a salvar a España, aunque para lograrlo tenga que hundirla en la miseria; tal como ya ocurrió hace setenta años. La robotización de su discurso mecánico tiene, como finalidad principal, la intención de evitar que sus líderes decaigan en su afán redentor, e impedir la posibilidad de que el electorado confunda la aventura política de Rodríguez Zapatero con la desventura de Aznar, víctima inocente de una conjura judeomasónica -disfrazada de yihadismo islamista- cuando se disponía a iniciar su tercera legislatura triunfal, después de haber reconquistado Isla Perejil y de haber liberado a los españoles de la corrupción salvaje y el terrorismo de Estado (recuerde a los GAL), que habían fomentado los aventureros socialdemócratas que antecedieron al denostado ZP; el cual, según los geniales autores de la gigantesca obra de ingeniería dialéctica, que ilumina a los tenaces dirigentes del PP, es el causante intelectual de todos los males que afligen, en estos momentos, a la Patria (con mayúscula), tan suya de ellos…
El mecanismo ideado para robotizar ese discurso permanente -desde hace más de tres años- es muy sencillo pero no por serlo deja de constituir un hito ideológico, para no desmayar en las acusaciones con que el PP intenta abrir una brecha que permita entra la luz de la verdad en el opaco interior de esta nueva presión estalinista, que hiere la sensibilidad ultraespañolista de los hombres de bien: Zapatero está rompiendo a España; ha resucitado la disputa cainita de las dos Españas machadianas; el cruel atentado en los trenes madrileños continúa siendo un misterio consentido -y fomentado- por el Gobierno actual. Pero aún hay algo más tremendo todavía: con la ley de la memoria histórica se está fomentando el revanchismo inicuo de la izquierda que perdió aquella guerra que, al parecer, salvó a España de ser bolchevizada…
La derecha superferolítica, que patrocina ideológicamente José María Aznar -distinguido heredero, entre otros prohombres, de aquel inefable pensador orgánico, que fue Ernesto Giménez-Caballero-, parece empeñarse en resucitar a la CEDA de 1933 como garantía de una estabilidad social y política de la que ahora, con el zapaterismo, carece la sociedad española. Al mismo tiempo, se recuperaría el caudillaje protagonizado por Aznar entre 1996 y 2004, interrumpido violentamente por los conspiradores del 11-M, desde sus guaridas en las montañas cercanas…
Si esto se lograra con las elecciones del próximo mes de marzo de 2008, la Historia Sagrada de España contaría con el aval españolista de una novísima Confederación Española de Derechas Airadas -no Autónomas, como la que lideró Gil Robles hace casi setenta y cinco años-, bajo el abnegado liderazgo de alguien que aún está por desvelar su personalidad. Porque Mariano Rajoy sólo es el robot que protagoniza mecánicamente las instrucciones planificadas por los ingenieros de la FAES.
De este episodio histórico se deriva otro argumento íntimamente ligado a los años terribles de la tercera década del siglo XX, fundamentado con conceptos tópicos y simples -cuando más simples, mejor- con los que la ultraderecha pretende razonar la nueva y compleja historia contemporánea. Es aquel que sintetizan de la siguiente manera: 1934, Asturias, dinamita, revolución y caos… Es decir, la única explicación con que los nuevos historiadores pretenden razonar la existencia de la supuesta trama asturiana que, con la dinamita sustraída del chamizo Mina Conchita, colaboró tan eficazmente a la siniestra voladura del Gobierno acaudillado por Aznar.
La ultraderecha posfranquista, para aliviar la presión de su mala conciencia histórica, provocada por la ley de la memoria, además de las ingeniosas descalificaciones semánticas, con las que incrementan los reproches a la impertinente ley, apela a la autoridad de los historiadores. Se supone que a sus historiadores, tan incondicionales, inspirados por los antiguos maestros de la manipulación histórica de los orígenes y las causas de la épica Cruzada española; unos historiadores -o así…- que ya planean la creación de una fundación que se denominaría Historia y Verdad; una de cuyas finalidades intelectuales es la de evitar “que los políticos legislen sobre la Historia”… Aquí, en este país, todo es de ellos: España, la Historia, el pasado, el presente y el futuro.
Lorenzo Cordero. Periodista.